
Una mirada al Alto Sinú

El Alto Sinú, en Córdoba, con historia milenaria desde los Zenúes, reclama desarrollo. Su pasado, marcado por la explotación, contrasta con la necesidad actual de progreso y memoria.
Por Fernando Negrete Montes El Alto Sinú conformado por los municipios de Valencia y Tierralta en el departamento de Córdoba, con una superficie de 5.939 km2, equivalente al 23.74% del área departamental y con una población de 136.542 que representa el 7.31% del departamento, ha brillado de forma marginal porque las fuerzas que harían posible su desarrollo vinieron de afuera a recoger y llevar, como los conocidos casos de la raicilla, el caucho, la madera, las pieles y la búsqueda de oro, hasta que en los últimos 150 años, con la explotación agrícola y ganadera se conformaron grupos poblacionales en varias áreas. Conocemos que los primeros pobladores del Alto Sinú fueron los Zenúes que ascendieron hacia el sur, ubicándose en la ciénaga de Betancí un núcleo que trabajó con lujo de detalles la orfebrería, el oro, y la cerámica, de lo cual dan cuenta las piezas del museo Zenú, organizado hace unos cuarenta años en un salón contiguo al parque principal de Tierralta por el sacerdote Sergio Restrepo. La relación de los Zenúes con su entorno ha sido destacada como ejemplo de lo que es el control y equilibrio con la naturaleza, especialmente en lo relacionado con las inundaciones y la construcción de obras para el manejo de estas y la utilización de las tierras para la agricultura en los diferentes períodos climáticos, asunto que contrasta hoy con la situación erosiva que presenta el Sinú en los 8 municipios que atraviesa. De igual forma por el sur y viniendo de Antioquia y Chocó, un grupo de los Emberá Katíos llegaban por la parte alta a las riberas de los ríos Sinú, Verde y Esmeralda y aunque desarrollaban trabajos relacionados con su subsistencia, esta población era bastante migratoria dedicados a actividades centradas en la pesca y caza. Con la llegada del hombre "blanco" al Alto Sinú, se configuró el mapa de los nuevos pobladores que echaron raíces al establecerse en áreas que les permitieron fundar sus dos principales asentamientos: Tierralta en 1909 y Valencia en 1931 al estilo Macondo, sin intervención estatal, y dedicados a la agricultura, ganadería, pesca y a medida que aumentaba la renta por sus trabajos, llegaron los paisas, los sirio libaneses y los chocoanos a formar un conglomerado que diversificó las actividades económicas, especialmente las comerciales y el ambiente cultural. Hoy los habitantes del Alto Sinú reclaman que en más de cien años de "independencia" son más los padecimientos que las alegrías alcanzadas porque el espíritu colaborativo y de solidaridad de sus fundadores, fue arrasado por la violencia, siendo necesario recuperar la memoria histórica para rehabilitar el papel de sus emancipadores y personas del corriente para salir del laberinto de los últimos setenta años, mostrando disposición a este cometido y solicitando el apoyo de las administraciones públicas como facilitadores de este proceso.