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Opinión

¿Una menos o una más? No son solo cifras

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
8 de junio de 2023

La violencia contra las mujeres en Colombia en 2023 es alarmante, con un aumento de feminicidios. La falta de cifras claras y la aplicación tardía de leyes evidencian una crisis de género persistente.

Por Glenda K. Fuentes Acosta El incremento de la violencia contra la mujer en lo que va del 2023 respecto a las registradas en años anteriores es realmente alarmante. No hay una cifra clara del número de feminicidios reportados en el país, pues hay variaciones en los datos de las diversas instituciones, ONG y observatorios, lo que si es una realidad es que cada día Una Más muere por el hecho de ser Mujer. El Observatorio Feminicidios Colombia registró que en el año 2022, 619 mujeres fueron víctimas de feminicidio y, entre enero y marzo de 2023 llevan 133 casos reportados, de los cuales el 42% eran mujeres asesinadas por familia, pareja, expareja o conocido. Los crímenes violentos contra las mujeres en razón a su género no pueden interpretarse como un hecho individual, ya que estos reflejan la discriminación y opresión en la que han vivido históricamente en razón a los estereotipos de género y al rol que se les ha asignado, mostrando en estos resultados fatales su control y sometimiento. La frecuencia de estos hechos no dejan de ser una cifra adicional a la vista de los espectadores que leen y/o escucha a diario que, Una Más fue asesinada por aquel que sintió que tenía el derecho de poseer y controlar su ser. Sin embargo, el panorama cambia cuando dejamos elevar la imaginación y vemos en cada tumba a una mujer menos que ha sido silenciada de manera atroz, en ese hueco está una madre que ha muerto con la angustia de pensar en lo que será de sus hijos, una hermana alegre, una amiga divertida, una estudiante con sueños rotos, una niña inocente con risa contagiosa, una hija amorosa o una mujer valiente que se esforzaba día a día por construir un mejor mañana… En Colombia contamos con un marco jurídico amplio en materia de protección de los derechos de las mujeres, que va desde la ratificación de convenios internacionales como Convención Belem do Pará, que establece el derecho de las mujeres a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales competentes que las ampare contra actos que violen sus derechos, hasta la adopción de leyes especiales para su protección como la ley 1257 de 2008 que considera la violencia contra la mujer como una violación a sus derechos humanos, y la ley 1761 de 2015 (conocida como la ley Rosa Elvira Cely) por medio de la cual se crea el tipo penal de Feminicidio como delito autónomo. Pero de qué valen todas estas regulaciones si su aplicación es tardía, si la cultura MACHISTA sigue normalizando la violencia, si no existen políticas públicas reales para atender esta problemática, ya que no hay cifras concretas que nos muestren un panorama que permita que llevar a cabo planes y programas con enfoque territorial y si nosotros nos seguimos negando que la violencia contra la mujer es una realidad que está más cerca de lo que creemos. Muchas mujeres viven un sufrimiento silencioso por vergüenza o miedo. El Feminicidio es la expresión más severa de la violencia contra la mujer, pero no la única. Juzgar es fácil, actuar es el reto. Los crímenes violentos contra las mujeres en razón a su género no pueden interpretarse como un hecho individual.