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Opinión

Una medida impopular, pero necesaria

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
28 de agosto de 2025

Nadie, de buena gana, quiere desalojar a otro ser humano del sitio en el que ha decidido, o al menos ha soñado, construir su vivienda y edificar su hogar. Sin embargo, hay decisiones y acciones que, por muy impopulares que sean, deben ser tomadas y ejecutadas, más si de ellas puede depender el futuro de una comunidad. Es el caso del desalojo de las invasiones a los predios: El Hato, La Vitrina y la Coqueta en el corregimiento de Nueva Estación, en Buenavista, Córdoba.

Pero difícilmente creo que exista otra solución para esa problemática que no sea desmontar ese asentamiento y organizar las viviendas de los invasores en varios pueblos, pues será casi imposible encontrar un municipio en todo el país que pueda asumir más de tres mil nuevas viviendas sin que colapsen sus servicios públicos, su sistema sanitario y sin que se dispare el desempleo y la pobreza extrema. Todo mundo lo sabe, Buenavista no está en capacidad de asumir una invasión de semejantes proporciones, pues sería edificar un nuevo pueblo más grande que el pueblo que ya existe. No se puede desconocer que la mayoría de las personas que están invadiendo lo hacen desesperados por no tener como adquirir una vivienda, e ilusionados con que este gobierno les dé un pedazo de tierra para levantar un rancho en el que poder vivir. Pero eso no justifica que para eso Buenavista deba sufrir una ocupación que le transformaría y para mal. Además, algunos lotes están muy cerca de las tuberías del gasoducto, lo que representa un peligro inminente, tanto para los que quieren habitar allí, como para todo el casco urbano. El desalojo de los lotes, programado desde hace varios días, no pudo desarrollarse ayer. Dicen, que los invasores estaban mejor preparados para la actividad que las mismas autoridades, que se vieron sorprendidas por la organización de una multitud que pacíficamente y haciendo uso de banderas y globos blancos se oponían a que fueran derribadas sus construcciones y a salir de esa tierra. No hay otro mecanismo de entendimiento que el diálogo. Esa gente debe ser escuchada y acogida dentro de un proyecto del Estado, que garantice una vivienda digna para todas esas familias que no tienen un techo propio. De igual manera no hay otra solución, por impopular que sea, que impedir que se lleve a cabo esa gigante invasión en territorio buenavistero.