Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Una mala imagen

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
17 de julio de 2024

La final de la Copa América empañada por disturbios de aficionados colombianos. Incidentes como colarse al estadio y agresiones dañan la imagen del país y ponen en riesgo la seguridad.

Por Rafael Negrete Quintero La reciente final de la Copa América dejó una huella imborrable, pero no precisamente por el espectáculo deportivo que a algunos todavía tiene con guayabo. En un evento que debería ser una fiesta de fútbol, algunos colombianos dejaron una marca vergonzosa y lamentable. Las imágenes de disturbios, intentos de colarse al estadio y agresiones entre aficionados no solo empañaron el evento, sino que dañaron nuestra imagen como país. El Hard Rock Stadium se convirtió en el escenario de actos reprochables protagonizados por algunos hinchas que, en su afán de ver el partido, optaron por caminos que manchan nuestra reputación. Hay videos que muestran a aficionados colándose por ductos de ventilación y escalando muros, generando caos y pánico. Estos actos no solo son ilegales, sino que también ponen en riesgo la seguridad de todos los asistentes. La Conmebol y las autoridades del estadio se pronunciaron. Se han comprometido a revisar cada caso de hinchas con boletos que no pudieron ingresar debido a la sobreventa y los desmanes ocasionados. Es una medida justa, pero que no borra el mal sabor que dejan estas acciones en el recuerdo de un evento que debía ser celebrado. Además, el escándalo ha alcanzado a la alta dirigencia del fútbol colombiano. Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, enfrenta serias consecuencias tras su arresto en Estados Unidos. La posibilidad de perder su visa que pone a tambalear su posición en la Federación y en la Conmebol, son un reflejo de cómo estas malas prácticas y comportamientos inapropiados tienen repercusiones graves a nivel personal e institucional. Como colombianos, no podemos permitir que esta sea la imagen que proyectamos al mundo. No es la primera vez que nuestros comportamientos en el exterior dejan mucho que desear. Debemos recordar que cada acción, por mínima que sea, contribuye a la percepción que otros tienen de nosotros. Los triunfos deportivos deben ser motivo de orgullo, no de vergüenza. La cultura del "más vivo" solo nos lleva a la desconfianza y a la pérdida de credibilidad. Es momento de reflexionar y actuar con responsabilidad y respeto, tanto en casa como fuera de ella. El fútbol es una pasión que nos une, pero debe ser también un ejemplo de civismo y buen comportamiento. Ojalá estos eventos nos sirvan para aprender y mejorar. La próxima vez que tengamos la oportunidad de brillar en un escenario internacional, que sea por nuestro talento y comportamiento ejemplar, no por los disturbios y el caos. Debemos aspirar a una Colombia que sea recordada por sus logros y no por sus desmanes.