
Una constitución de siete artículos para una nación poderosa

En 1787, EE. UU. forjó su destino con una Constitución de siete artículos. Hoy, 237 años después, su poderío contrasta con las múltiples constituciones de otros países, debatiéndose su vigencia.
Por Valmiro Sobrino Oliveros Esa mañana del 17 de septiembre de 1787 los representantes de las trece provincias que conformaban la Unión Americana se reunieron en Filadelfia para fundar una nación y aprobar una Constitución que rigiera su destino. El texto fue redactado por Thomas Jefferson y había sido presentado ante el Segundo Congreso Continental de Filadelfia que adoptó la redacción final el 4 de julio de 1776. Estaban allí las figuras cimeras de George Washington, Thomas Jefferson, Benjamín Franklin y John Adams, entre otros. La Constitución (Ley suprema de los Estados Unidos de América) tenía solamente siete artículos y 27 enmiendas. Se creaba una república unificada pero federal con tres poderes independientes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial cuya soberanía descansaba en el pueblo (We The People). La Constitución tiene 237 años y jamás ha sido derogada conservando intactos sus siete artículos originales redactados a mano. Con esa brevísima Constitución los estadounidenses crearon el país más poderoso del planeta. Su economía representa el 22.4 % del PIB mundial. En las ciencias han ganado 377 premios nobel en medicina, física, economía y literatura, más del doble que el resto de todos los demás países juntos. Es la primera nación del planeta en las ciencias aeroespaciales y en desarrollo tecnológico. Es la primera potencia militar del planeta hasta el punto que su gasto militar en 2023 representó el 37.5% de todo el gasto militar del mundo. Todo ese inmenso poder se ha hecho con una Constitución única de siete artículos. Nosotros solamente en el siglo XIX tuvimos ocho constituciones y en el XX una para un total de nueve constituciones ampulosas llenas de literatura inútil en menos tiempo (203 años). La de 1991 tuvo inicialmente 379 artículos y lleva 45 reformas en 33 años. Ahora el Presidente cree que la causa de nuestro subdesarrollo, de nuestras injusticias sociales, exclusión, corrupción, pobreza, desempleo, falta de servicios y oportunidades y de todas nuestras desgracias pasadas y presentes se debe a la Constitución por lo que hay que derogar la anterior para hacer otra que tenga más artículos para, entonces sí, llegar a donde están hoy los Estados Unidos de América. ¡Qué ilusión!