
Una agonía que no admite excusas

Estamos viendo un diagnóstico más que repetido: cuentas en rojo, hospitales sin oxígeno financiero y pacientes atrapados en un sistema que promete, pero no cumple.
Lo nuevo no es el problema, sino la magnitud del deterioro. Hoy, NUEVA EPS, la EPS más grande del país, acumula una deuda que pasó de 5 billones en 2022 a más de 21 billones en marzo de este año, y su patrimonio se hundió en un déficit de más de 6 billones. ¿Cómo hablar de sostenibilidad cuando las cifras solo anuncian la ruina? El problema dejó de ser un tema de balances y gráficas para convertirse en una amenaza directa a la vida de millones de personas. En Córdoba lo sabemos de primera mano: cuatro hospitales públicos, incluido el San Jerónimo de Montería, tuvieron que suspender servicios temporalmente por falta de pago y varias clínicas (por no decir todas) los suspendieron indefinidamente. Medio millón de usuarios quedaron atrapados entre dos fuegos: de un lado, una EPS intervenida que no responde; del otro, hospitales que no pueden seguir atendiendo sin recursos. La deuda solo en estas instituciones asciende a más de 31.000 millones de pesos, con otros 15.000 millones de julio y agosto todavía sin cancelar. Para el resto del país la escena es descabellada: mientras se anuncian intervenciones y medidas de “rescate”, las facturas pendientes por auditar ya suman más de 13 billones y los anticipos sin legalizar superan los 15 billones. Todo esto ocurre al tiempo que el número de tutelas y quejas por falta de atención se dispara, evidenciando un sistema cada vez más judicializado e incapaz de autorregularse. Estamos en crisis –eso ya lo sabíamos–, pero no se ven soluciones claras ni voluntad de arreglar el sistema. La salud en Colombia parece ser un paciente en cuidados intensivos, pero con un médico que no sabe si va a operar o a desconectar las máquinas. ¿Qué hacer? Primero, sincerar las cuentas. Sin cifras claras no hay diálogo posible. Segundo, un plan de ajuste financiero donde todos asuman su parte: gobierno, EPS, hospitales y clínicas. Aquí nadie puede seguir jugando al “yo no fui”. Tercero, transparencia radical en la contratación y uso de recursos, con auditorías externas y trazabilidad pública, y Cuarto, fortalecer la tecnología y la capacidad de auditoría en tiempo real, solo por proponer algo. En Córdoba, la prioridad debe ser salvar la red pública hospitalaria. Si caen los hospitales de Montería, Cereté, Lorica o Sahagún, las víctimas no serán los edificios sino los pacientes que ya no tendrán dónde ser atendidos. Es hora de que el debate deje de ser ideológico y pase a ser práctico: garantizar que los recursos lleguen a tiempo a quienes prestan el servicio. No teníamos el mejor sistema antes, ni el peor ahora. Lo que tenemos es una crisis que exige liderazgo, diálogo y acción inmediata. Dejar que la salud en Córdoba siga agonizando es un lujo que no podemos permitirnos.