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Opinión

Una agenda verde para salvar la vida

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
23 de agosto de 2024

La Unión Europea aprueba una ley histórica para restaurar la naturaleza, ante la crisis climática global. Colombia, con sus páramos en peligro, necesita acciones urgentes para evitar la extinción y proteger sus fuentes hídricas.

Por Valmiro Sobrino Oliveros La Unión Europea por primera vez emite una ley que obliga a restaurar la naturaleza, en medio de muchas dificultades jurídicas y políticas de varios miembros que se opusieron y que estuvieron a punto de descarrilar su tramitación. Ya es de conocimiento universal que los efectos del cambio climático supone riesgos para la existencia del hombre sobre la tierra; con solo pensar que en Colombia el 40 % de los páramos han desaparecido. Si tenemos en cuenta que Colombia tiene el 49 % de los páramos del mundo, ello significa que estamos al borde de una crisis de vastas proporciones. Los páramos se están extinguiendo por deforestación incontrolada, cambio climático global y minerías ilegales. La consecuencia será la desaparición de las fuentes de agua, sequía general y extinción de la vida. La ley europea aprobada es un "esfuerzo por revertir el deterioro de la naturaleza, lograr la neutralidad climática y reforzar la preparación y la resiliencia de Europa frente a los efectos del cambio climático" dice la Comisión Europea. El texto, que tiene como objetivo acompasar los acuerdos sobre biodiversidad de las Naciones Unidas, se propone la disminución de polinizadores, no reducir los espacios verdes de las ciudades y recuperar el 30% de las tuberías vaciadas para uso agrícola. Colombia tiene 59 Parques Naturales Protegidos con una área total de 17'537.882 hectáreas; el 8,47 % de la superficie nacional, siendo uno de los países más ricos en diversidad biológica del mundo. A esto se agrega las tres áreas protegidas adicionales por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible de 3'214.077 hectáreas. Sin embargo, esto no es suficiente. A pesar de los esfuerzos del gobierno, la deforestación de la Amazonía colombiana está en la alarmante cifra de 38 % anual. Grandes humedales como el de la Mojana han sufrido la degradación de irresponsables que ante la complacencia de las autoridades han tapado canales y secado cuerpos de agua para dedicarlos a la ganadería. En el país se permitió que se talaran los bosques para sembrar pastos para las grandes y medianas haciendas ganaderas. Urge, como en Europa, una ley de reforestación y silvopastoralismo obligatorio con términos perentorios de ejecución que impida que el cambio climático acabe con la vida.