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Opinión

Un solo abrazo, un solo país

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
25 de junio de 2026

La noche del martes, después de unos días de tensión, volvimos a ser un solo país. Ocurrió gracias al partido en que la Selección Colombia enfrentó a la República Democrática del Congo. Los abrazos celebrando el gol de Muñoz y la alegría que nos desbordó para volverse conjunta, no pueden ser efímeros; deberían servir para unir a esta nación. La elección presidencial dejó en evidencia una ruptura con la que tendremos que convivir y mientras más pronto la superemos, más nos acercaremos a una reconciliación nacional.

No hablo de un acuerdo entre políticos de una campaña y otra, ni de una negociación entre líderes de los dos bandos, ni siquiera de una foto de Abelardo De la Espriella y Gustavo Petro estrechándose la mano y sonriendo. Hablo de algo tan difícil como necesario: el fin de tanta disputa entre nosotros por cualquier noticia, anuncio o situación política.  Les hablo del fin de la nueva práctica en la que hemos caído, sobre todo en las redes sociales, durante los últimos meses: la de dejar que desaparezca el debate y sustituirlo por la manía de reafirmar nuestra posición sin que importe la razón. La de refutar argumentos con un "firmes por la patria" o "Cepeda Presidente", como si votar por un candidato nos convirtiera en mejores personas, más inteligentes, más decentes y más colombianos.  Eso se tiene que acabar y no está en manos de los dirigentes nacionales. Está en cada uno de nosotros, en aceptar que, así como ganó Abelardo De la Espriella, hubiese podido ganar también Iván Cepeda. Porque la diferencia de votos fue tan escasa que no llegó al 1 % (49,66 % contra 48,70 %). Y eso debe servirnos para entender que, así como cada voto contó, también deberá contar cada uno de nosotros en el propósito de volver a ser un solo país.  Un país en el que debe dejar de importar ser petrista o abelardista, y donde lo que realmente cuente es que compartimos la misma calle, nos vemos cada día en el trabajo, nos conocemos de toda la vida, nos sentamos en la misma mesa y somos, al final, de un mismo y único país. Unidos por el mismo abrazo que nos dimos anoche cuando Daniel Muñoz marcó el gol que nos tiene clasificados a la siguiente ronda del Mundial.