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Opinión

Un siglo de "La Vorágina"

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
12 de febrero de 2024

"La Vorágine", novela colombiana publicada hace un siglo, desafía el Romanticismo. Explora temas como la identidad americana, la ética social y la explotación, en un viaje a la selva que atrapa al protagonista.

Por José Arturo Ealo Gaviria A un siglo de haberse publicado "La vorágine" (1924) del escritor colombiano José Eustasio Rivera, es la enuncia disímil al Romanticismo literario que permeó en la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. Sin embargo, la novela crea una toma de posición romántica como proclama insigne del héroe por abrazar valores auténticos en una vil atmósfera. La América hispánica lidera su narrativa. La novela es muy americana en expresiones genuinas del continente, una voz original. Refleja una polémica de la ética social colombiana, en la medida que organiza sus discursos mediante la crítica de un ethos definido: el comportamiento de la mujer en la sociedad colombiana de la segunda década del siglo XX. Tiene sus bases en una toma de posición novelesca. Se erige en el anhelo y el deseo consciente de alcanzar un ideal lejano o irrealizable: el amor. Arroja temas de actualidad como la pereza entre la cultura occidental y las indígenas, la centralización nacional en la capital bogotana y el olvido de otras regiones, como la explotación asoladora de los recursos naturales. "La vorágine" se exhibe en una mención literaria e histórica. Lo narrado por el poeta Arturo Cova (protagonista) no es un viaje. Es antiviaje: un desplazamiento asiduo e ineludible junto a la sociable Alicia Hernández. Se aplica un esquema narratológico mínimo para analizar la trayectoria del personaje principal. Luego, se idealiza el determinismo evidenciado en sus expresiones ambiental, sociológica y psicológica. Arturo Cova es llevado por los eventos. Es un desalojo determinista. Él, en lugar de actuar, reacciona. Se deja llevar por las circunstancias. El remolino lo arrastra hacia el fondo. Tanto la selva como el azar y los demás lo redefinen, lo renuevan (¿deformaron?), lo rehicieron. No hay ideales, ni presente ni futuro: lo devora la selva y le gana la violencia antes de enamorarse por mujer alguna. En "La vorágine", Rivera asume que esa "violencia" es a veces una forma instintiva de defensa e intencional de superación. La mayoría de las veces es un ejercicio de poder y eliminación del otro a partir de privaciones institucionales propias de un Estado dividido en lo particular y en lo territorial. La América hispánica lidera su narrativa. La novela es muy americana en expresiones genuinas del continente, una voz original. A un siglo de su publicación, sigue vigente y descrita en plumas afortunadas de selva inhóspita. Allí su protagonista camina rumbo a un infierno verde que lo atrapa en sus redes… en las fuerzas abrazadoras de su vorágine.