Un revés político
José María Imbett, tras estudiar derecho, inició su carrera en Cartagena, destacando por su habilidad en relaciones públicas. Ascendió en política, pero las nuevas dinámicas electorales le afectaron.
Por Luis Manuel Espinosa Cuando José María Imbett, culminó sus estudios de derecho no pudo regresar inmediatamente a la Villa de Tacasuan, lugar de donde procedía, porque para entonces sus recursos económicos escasamente le permitían sufragar al gasto de su manutención en Cartagena. Así que decidió darse un compás de espera mientras veía otras posibilidades en la ciudad heroica. Y ocurrió que al cabo de un tiempo, alguien que sabía brindar apoyo oportuno a sus colegas le llamó para que atendiera unos negocios en Sincelejo. Así que Héctor Hernández Ayazo, procedió en consecuencia a hacerle las consabidas sustituciones procesales y José María Imbett Bermúdez, inició el ejercicio privado de su profesión, presentándose en la capital de Sucre con los títulos abogadiles que lo distinguiría entre sus coterráneos sucreños. En tanto, que iba y venía, le fue ofrecido el cargo de juez, así como una eventual secretaría en el despacho del Gobernador del departamento, cargos los cuales declinó, por sentirse llamado a abrirse paso en la difícil ciudad del corralito de piedra. Y desde luego que logró su propósito. Para ello, se valió de una incuestionable cualidad para las relaciones públicas, su particular empatía personal. Con paciencia y determinación fue construyendo una maraña de amigos, tan grande y extensa, que cuando se dio cuenta, era una de las personas más influyentes en la política seccional de Bolívar. Primero militó como colaborador de Antonio Lequerica Martínez, después interactuó con Raúl Guerrero Porra y más adelante como asesor al lado de Rodrigo Barraza. Fue entonces elegido concejal de Cartagena y más tarde congresista como representante a la Cámara. Persona allegada en aquel tiempo al presidente Pastrana, se perfilaba como el más seguro senador y el más destacado dirigente del partido Conservador. Pero ocurrió que en el tránsito del siglo anterior al presente, el activismo político cambió inesperadamente. Los partidismos se desvanecieron y las nuevas mayorías democráticas ya no se formaron como antes, con fundamento en los postulados ideológicos, sino, en lo que Naisbitt denominó las minorías organizadas. Sobrevinieron nuevas formas y expresiones políticas, distintas a misiones de estudios, donde las buenas maneras ya no contaban y por tanto, los modelos como los proselitismos partidistas desaparecieron, para darle paso a las llamadas empresas electorales. Estas nuevas circunstancias dieron al traste con aquellos movimientos políticos basados en figuras respetuosas y sencillas, que acataban principios ideológicos y adoptaban actitudes democráticas. Imbett Bermúdez, confiando en la intuición y su caracterizado sentido de grandeza, sufrió al tiempo, un revés propio de la política; por lo que, aun siendo una de las personalidades más sobresaliente y de más clara inteligencia, fue sobrepasado por los embates de una nueva realidad.