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Opinión

Un país caótico

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
26 de junio de 2023

Colombia enfrenta una crisis histórica: violencia, pobreza, corrupción y colapso institucional. El país, marcado por conflictos, ahora lucha contra bandas criminales y una creciente miseria.

Por Félix Manzur Jattin El caos no es nuevo. Desde antes de la República nuestra patria ha sido violenta. Desde la llegada de los Europeos y hasta antes las guerras tribales hicieron fácil la conquista y colonización a raíz de las discrepancias. Entre los libertadores también existió desacuerdos y desataron guerras y conflictos como la guerra de los supremos entre los años 1839 a 1842. La guerra de los mil días, conflictos partidistas, cortes de franela y otros conflictos que han azotado a Colombia durante décadas y centurias. Asesinatos, narcotráfico, bandas criminales, gobernadores y alcaldes destituidos, condenados. Personas que saquean el botín del pueblo para hacerse elegir, es el funesto contubernio que tiene a la costa Caribe, el interior, sur del país y parte de la República estigmatizada y pudriéndose en la miseria. Más de cinco millones de desplazados piden limosnas por los municipios. Varios de los entes estatales están en bancarrota o en la tenaza de la ley 550. Hospitales, clínicas, Camus, el Adres y el sector salud colapsado, quebrados o en déficit, enferman aún más al país. Alrededor de catorce mil desmovilizados sin trabajo -sin apoyo para la reintegración a la sociedad sana y honesta-, con la única experiencia de gatillo y sicariato preocupan a los departamentos y las gentes de bien. Entre el 40 % de pobreza y el 15 % de indigentes es una voz de alerta, a pesar de que el Dane cambió lasreglas para medir la pobreza y desapareció por arte de magia a más de un 10 % de pobres. Sin embargo, la banca se gana casi lo mismo que el país invierte en educación y salud. La educación acribillada y en deterioro. El criminal de las bandas emergentes se campea como Pedro por su casa en todos los municipios, extorsionando, chantajeando y asesinando ante la mirada cómplice de quien no lo denuncia. Los departamentos, azotados por el terror, la desidia, los malos manejos se están envileciendo cada día más y más. Como si fuera poco, duele ver cómo emergentes y dizque eficientes y honestos liderazgos compran conciencias, saquean no para beneficio del pueblo y las comunidades sino en provecho propio. Pobres departamentos. Inclusive, ni siquiera en las épocas aciagas de la subversión y el paramilitarismo se veían tantos asesinatos, extorsiones y chantajes. No pasa un día sin que alguien caiga acribillado por las balas. El reguero de viudas, huérfanos, indigentes, parias, pobres y necesitados es el triste espectáculo de una región que requiere de una reingeniería de salvamento. La policía, el ejército, la armada hacen ingentes y titánicos esfuerzos para combatir la corrupción, a las guerrillas, las bandas criminales pero falta más apoyo de la ciudadanía.