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Opinión

Un nuevo mapa político

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
3 de noviembre de 2023

La derrota del gobierno en las elecciones consolida a partidos tradicionales. Líderes resurgen, desafiando expectativas. El voto por instituciones democráticas prevalece, marcando un cambio político.

Por Valmiro Sobrino Oliveros La contundente derrota del gobierno y su partido de gobierno en estas elecciones pasadas tiene varias lecturas pues por primera vez en la historia del país los partidos y dirigentes tradicionales se enfrentaban a un gobierno de izquierda. Una de esas lecturas es el afianzamiento de los partidos tradicionales y el resurgimiento de algunos líderes que se creían muertos y que nuevamente hacen presencia con fuerza en el escenario nacional. Se evoca ahora la frase del expresidente Mariano Ospina Pérez cuando dijo que "en Colombia no existen muertos políticos". Lo que se ha llamado históricamente en nuestro argot político: "El país nacional", triunfó sobre el país político; es decir, el voto por el reconocimiento y la validez de las instituciones democráticas de la Nación se impusieron frente al intento de socavar la validez de las instituciones republicanas. Fue por este hecho significativo, que el gobierno y su partido perdió voto a voto frente a los partidos tradicionales a lo largo y ancho del país. Y, ese fenómeno, trajo como consecuencia que las colectividades tradicionales salieran fortalecidas del debate electoral. Perder las alcaldías y gobernaciones de las cinco primeras ciudades capitales de Colombia no sería tan mal visto, sino por la manera como las perdieron. En Bogotá, por ejemplo, el candidato del gobierno pierde por más de un millón de votos y ni siquiera sale de segundo y permite que un partido: El Nuevo Liberalismo, fortalezca su presencia a nivel nacional. No es fácil analizar el comportamiento nacional de los partidos individualmente porque hubo otro fenómeno interesante: que las alcaldías y gobernaciones fueron aupadas en más del 90% por coaliciones de partidos de derecha en las que es difícil distinguir cuántos votos aportó cada colectividad a ese triunfo, pero Cambio Radical, el partido Liberal y Conservador y el centro democrático salen fortalecidos de estas coaliciones. El mapa político del gobierno le es adverso. El presidente aún tiene tres años para enderezar el rumbo. Tiene que entender que ya no es el candidato de un grupo sino de todos los colombianos y reelaborar un discurso conciliatorio con el país. De nada le sirvieron las movilizaciones prefabricadas. El país no se comió ese cuento. El presidente tiene que dedicarse a gobernar para que el país pueda sentirse representado en él. Si no entiende esto, en el 2026 puede cavar la tumba de su movimiento.