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Opinión

Un no a la agresividad

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
22 de julio de 2024

La creciente agresividad social, manifestada en violencia y pérdida de valores, exige reflexión. ¿Cuáles son las causas y soluciones? Un análisis profundo para calmar los ánimos.

Por José Arturo Ealo Gaviria No se puede ir por la vida como va esta sociedad. Se necesita reflexionar sobre muchos desenfrenos. La agresividad llega a los límites del crimen, de la violencia doméstica o de otras maneras. Golpes en los estadios deportivos, riñas callejeras entre adultos, adolescentes o niños. Ofensivas de un momento a otro hacia los débiles, solo por el hecho de serlo y una serie de locuras o absurdos. Hay que formular algunas soluciones que puedan sosegar los ánimos, facilitar la reflexión para acertar en el blanco de lo que sucede a nivel personal y social. Que sea de bien para todos, rectificar algunos componentes de este "cóctel confuso". Agítese antes de usarse: que repose el ambiente, que haya sosiego a nuestro alrededor. Se da la situación que en la etapa del calentamiento global también se caldean los ánimos. Quién sabe si este fenómeno sea un ingrediente más que desune. Si la agresividad consiste en actuar o responder de manera violenta, podemos dirigir nuestro pensamiento hacia líneas multidireccionales. ¿A qué se debe esa actitud y por qué se responde con ferocidad o con ese salvajismo? ¿Siempre ha sido así o es un fenómeno reciente? ¿Está originado por el ambiente, por la política, por la educación o un cambio en las costumbres tradicionales que han servido y mucho a nuestros antepasados? Por todo esto y por mucho más: por la pérdida de valores que marcan las personalidades, las conductas y las relaciones entre los demás. ¿Qué clase de valores se echan por la borda? Se podría resumir en los "valores que nos convierten en humanos" y nos distinguen de los animales: la búsqueda de la verdad, el respeto y trato hacia a los demás como nos gustaría ser tratados, el valor del trabajo como un servicio no como un trampolín hacia metas ambiciosas, el sentido de la familia como núcleo principal de educación y responsabilidad, la libertad de elegir el bien sin limitaciones, el esfuerzo en el estudio. Lo que vale mucho cuesta en demasía, la finalidad trascendente del sufrimiento y del dolor o la amistad como un valor en alza, entre otros. ¿Y por dónde ha empezado el abismo hacia el que caen en cascada los valores tradicionales? Los valores no son simplemente palabras, los valores son por lo que vivimos. Son las causas por las que defendemos y por lo que lucha la gente. La paciencia tiene un efecto mágico ante el cual desaparecen las dificultades.