
Un mundo sin vida

El domingo pasado se cortó la coleta en Madrid José Antonio Morante de la Puebla, luego de desorejar a un toro castaño de Domingo Hernández que se llamaba Tripulante. Por la mañana él había organizado un festival en homenaje a Antoñete con algunas figuras retiradas, que incluían a Curro Vásquez y a César Rincón, quienes dejaron en el ruedo, una vez más, el aroma del toreo magistral que los hizo inolvidables. Ambos cortaron dos orejas.
Por la tarde, en plena corrida de la Hispanidad, estaba previsto que se retirara del oficio Fernando Robleño, quien lo hizo cortando previamente una oreja a su segundo toro, en medio del clamor agradecido de la plaza, con sus hijos ayudándole a quitarse la castañeta. Morante se había vestido como lo hacía su maestro Antoñete, de malva y oro. El primero no le sirvió, y, muy a su manera, abrevió con los trastos. Tripulante, sin embargo, mientras lo lanceaba por chicuelinas, lo enganchó por el muslo y le produjo, al caer, una evidente conmoción cerebral. Estaba ido, con la mirada perdida, como por fuera de este mundo. A poco se recuperó y empezó la sinfonía: un toreo tan lento, tan reunido y abandonado (hay que abandonar el cuerpo para que toree el espíritu), que me hizo recordar el apotegma de Álvaro Domecq: “Se debe torear despacio, como se bebe, como se fuma, como se ama”. Y así fue: el cigarrero, como les dicen a los de La Puebla del Río, se transfiguró en un ente sobrenatural, cuya muleta iba y venía en silencio, como soplada por unos ángeles invisibles. Ese es el toreo eterno, el que transforma el agua en vino y nos recuerda que la fiesta de los toros, como la vida misma, entraña un misterioso arte, uno que es a la vez dramático y efímero. A mi lado estaba un pianista y compositor, magíster en música para cine y televisión, quien me contaba de su extrañeza porque dos alumnas de un curso que él dicta invocaron su derecho a no ver una película en la que, entre otras historias, ocurría un acto de infidelidad. No te preocupes, le dije, que ya prohíben libros que contengan alguna alusión, según los censores biempensantes, contra la sensibilidad animalista, ambientalista, feminista, globalista y de género. Vamos hacia un mundo sin vida, acoté resignado, sin hacerme ninguna ilusión. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.