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Opinión

Un escanario apocalíptico

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
29 de abril de 2024

La Tierra, en agonía, arde en un escenario apocalíptico. Un futuro incierto, marcado por cataclismos y el choque de mundos, amenaza nuestro planeta.

Por José Arturo Ealo Gaviria Es un mar en quietud. Oscuro. Sin vida. Un espectáculo elevado en llamas. Emanan ríos de lava hirviendo. La Tierra se hiere. Se hiende a multitud. De sus profundidades se escuchan bramidos. Desde sus abismos ruge como un sinfín de estómagos con indigestión y espasmos. Atrapada en su final, recibe una lluvia de rocas de rojo sombrío, impregnadas de gamas sulfurosas, de amarillos cenicientos y púrpuras funerarias al ritmo de un frenesí violento. Se abre. Renquea. Gruñe. Blasfema. Agoniza… Hay silencio. Oscuridad. En boca de esas ancianas que se alojan en nuestros valles y nuestras sabanas, que tejen y confabulan, que cocinan y conspiran, que aman y filosofan, hubiesen dicho que La Tierra llora su desenlace o se desquita mordiéndose con furia, revolcándose de dolor en su mismo veneno. Así sería el escenario apocalíptico a nivel de cataclismo en el planeta Tierra. Ardería cual esfera ardiendo, aproximadamente en mil años. El mundo prosigue indefinidamente. Nadie informa qué da origen a estos ciclos de creación y de ruinas que en alguna época de gran sequía desaparecería a los mares y a los ríos, dejando al mundo yermo, en esterilidad. El desarrollo es limitado. La humanidad y las catástrofes están unidas inexorablemente, como si la naturaleza pusiera unos límites fijos al crecimiento y desarrollo humano. Muchos fenómenos con adversidad atmosférica vienen agravándose debido al calentamiento global avivado por el hombre. Una catástrofe podría llegar como efecto del choque de un mundo contra otro. Ejemplo de ello fue la desaparición de los dinosaurios, y de estar a merced al colisionar con meteoritos o demás cuerpos celestes que viajan por el espacio sideral hacia los diferentes escenarios del cosmos. Un mundo contra otro bien puede ser un mundo cargado de vida (la Tierra) contra un mundo inanimado (un bólido). A veces el impacto de dos mundos puede dar lugar a diversas sorpresas tanto de un principio y también como el de un final. Sea como sea, la pregunta por el fin de nuestro planeta y de nuestra civilización sigue siendo una incógnita. La propia física más avanzada se divide en torno a varias posiciones sobre si realmente el Universo se volviera a reducir luego de expandirse, o poco a poco las estrellas se apagarán como fruto de la erosión de la gravedad y del tiempo. No se sabe cuándo pueda suceder. Solo sabemos que nosotros ya no estaremos aquí para verlo.