
Un diálogo silencioso

El planeta enfrenta un grave problema por el mal uso de sus recursos. La solución reside en la generosidad y la acción humana. ¿El futuro? Depende de la decisión de hoy.
Por Olga Lucía Bustamante -¿El planeta está en problemas? -Sí. Contestaron muchos. -¿Por qué? -Se están acabando los recursos. Dijeron otros. -¿Se están acabando… o se acabaron? -Están gravemente disminuidos. -¿Por qué? -El mal uso. -¿De quiénes? -De sus habitantes. -Y…Si se cambia el mal uso por el buen uso… ¿Se salva el planeta? -Sí. - ¿Qué falta entonces? -¡Una decisión! -¿De quiénes? -De los hoy, beneficiarios del planeta: ¡Los seres humanos! -Son beneficiarios del planeta y sus elementos. No los dueños. -Un anciano opinó: Somos los responsables del futuro de la tierra, su conservación y reproducción. -Y ¿Cuándo se debe cuidar el futuro? …-¡Hoy!... ¡Ahora! … el futuro es el resultado del pasado. Lo que hagamos hoy da sus frutos buenos o malos, mañana. -¿Qué hace falta para tomar esa decisión? Se escuchó una respuesta entre la multitud: -¡Generosidad! -¿Qué significa? Lo contrario de dilapidar…es decir ‘cuidar’; lo opuesto al egoísmo, es ¡solidaridad! … ¡Ayudar! - ¿Ayudar? -Sí, colaborar, cooperar, aliviar… -¿Quiénes pueden ayudar? -Todos… Unos poseen fuerza física, otros, fuerza mental, conocimientos, fuerza espiritual, entendimiento, medios… -Les hace falta algo importante: Querer ser, querer cambiar, aprender, ayudar a preservar. Es un acto de buena voluntad que unido al de todos, generaría una gran fuerza. Es La primera gran decisión. Solo cuando se desea algo con el alma se logra. El planeta está herido, más no aniquilado. Para qué luchar por poseer más, para qué dominar a los demás, si el planeta es indomable. Cuando nada se pueda comprar con el dinero, y la tierra se niegue a entregar beneficios… ¿Qué harán los insensatos? Me quedé mirando la madre naturaleza, prodiga en riquezas. A lo lejos el sol se escondía tras el horizonte, indiferente a lo que pasaba, él, era su propio patrón. Poseía vida y autonomía plena, no estaba obligado a obedecer. Abrumado quise gritarle al mundo el peligro de su fracaso. ¿Será un sueño pretender un mundo mejor? Fue en ese momento que me encontré de frente con la mirada de niños pequeños, que sonreían y me abrazaban generosamente. Entonces, decidí comenzar a cambiar el rumbo de mi vida. Cerré mis ojos y rescaté mi sonrisa sin uso. El sol brilló para nosotros, la brisa nos abrazó. Y comencé a cuidar la existencia y a cultivar el amor a mí alrededor. Quizá, algunos quisieran hacer lo mismo, para agradecer al planeta su bondad.