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Opinión

Un despertar lagañoso

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
28 de diciembre de 2025

El wokismo es el hermano gemelo del progresismo. Surgió de la expresión woke, un vocablo inventado por los negros en Estados Unidos a partir del fonema woken, participio pasado del verbo wake, que significa despertar. Ese despertar, sin embargo, parece que estuvo lleno de lagañas, porque su visión contemporánea, oscura y maniquea, no los deja ver el bosque.

Para el wokismo, el mundo se divide entre opresores y oprimidos. En el primer grupo están los hombres heterosexuales, quienes utilizarían un sistema de sojuzgamiento llamado “cisnormatividad”, en el que los “transgéneros” son esclavizados por los “cisgéneros”, que son aquellos que se reconocen según su sexo biológico y no según su propia percepción. En ese grupo también están los blancos occidentales, los ricos y todo aquel que logre alguna cosa en la vida que se traduzca en un relativo bienestar. En el segundo grupo se hallan las mujeres, hoy día castas y puras de nacimiento, los indígenas, los afrodescendientes y todas las comunidades que configuran la diversidad sexual. Esa ideología, que ya casi es una nueva religión, equivale a un nacionalsocialismo invertido, es decir a una forma travesti del nazismo, porque si en éste el fuerte debe derrotar al débil, en la filosofía en boga, me refiero al wokismo, el débil debe derrotar al fuerte. El problema es que las universidades de Occidente, influidas por las instituciones paraestatales que orientan el globalismo, se han constituido en sus altavoces, y para ello inventan cátedras de género, de teoría crítica de la raza, de interseccionalidad, de blanquitud, y estudios queer y fat studies. Ahí no para el asunto. Miren cómo, a través de una impostura, tres profesores canadienses y norteamericanos embucharon a una revista Woke, como si se tratase de grandes hallazgos: “Los parques para perros son lugares que toleran la violación contra el perro oprimido, y eso mide la actitud humana ante ambos problemas”. “Son las normas culturales opresivas las que permiten la construcción de músculos en lugar de la grasa, y el culturismo y el activismo en favor de las grasas podría beneficiarse al incluir cuerpos gordos exhibidos de manera no competitiva”. “Resulta sospechoso que los hombres rara vez se autopenetren analmente utilizando juguetes sexuales, y esto probablemente se deba al miedo a ser considerados homosexuales (homohisteria) y al fanatismo contra las personas trans (transfobia)”. ¿Tiene eso alguna seriedad? ¿Es eso científico? ¿No estaremos nadando en un mar de sandeces “progresistas”? *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.