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Opinión

Un cuarto de siglo

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
1 de agosto de 2024

La década de 1920 impulsó la infraestructura colombiana y su industrialización, con Barranquilla como "puerta de oro". El Banco de la República (1923) marcó un hito, junto al auge cultural caribeño.

Por Fernando Negrete Montes La década de los veinte del siglo pasado fue para el Caribe y Colombia de mucho augurio y realizaciones empezando por decir que con la indemnización de Panamá, se dio un impulso notable a las obras de infraestructura que prepararon al país para el proceso de sustitución de importaciones porque al abrir la economía y facilitar las comunicaciones, fue posible importar los bienes de capital e iniciar el despegue industrial de bienes de consumo final e intermedios que llevaron a bautizar a Barranquilla como "La puerta de oro" de Colombia por donde entraba todo, empezando por la aviación al crearse la primera empresa aérea del continente en diciembre de 1919. Conexo con este aire de progreso, en 1923 se crea el Banco de la República que organizó el sistema financiero que estaba en manos de varios agentes emisores que no garantizaban la confianza requerida para ser banco de bancos e irradiar liquidez a una economía en expansión que tenía en las manifestaciones de la cultura, el entorno musical con los grupos y bandas que fueron creándose por ciudades y pueblos hasta conformar el ramillete de festividades y manifestaciones artísticas del Caribe americano y en particular, colombiano. En 2023 se cumplieron los primeros cien años de la fundación del Banco de la República acompañando el desarrollo del país, viviendo paso a paso la transición de un país rural a uno urbano y sirviendo como referente para quienes desde la lejanía de los últimos 25 años del siglo XX, veíamos los años veinte como algo remoto que no valía la pena revivir, sino avanzar en el nuevo siglo y milenio que estaban cercanos con toda la amalgama de hechos que afloraban como el avance tecnológico que cambiaría la forma de vivir y que ponía a la tierra como algo en la mano. Al iniciar el nuevo siglo, curiosamente lo que se veía lejano y como del otro lado del mundo se hizo manifiesto y hechos como el segundo centenario de la independencia, las obras públicas de los veinte, la gran depresión de los 30, estaban ahí y los muchachos de este siglo, los milenial, ahora andan en 25 años y son los que empiezan a lo largo de otros 50 años a generar los cambios que hagan posible un desarrollo más democrático, más libre y evitar que personas o grupos dominen el mundo en detrimento del bienestar de los demás. Lo ocurrido en Venezuela en este cuarto de siglo no tiene nada que ver con la otrora pujanza de ese país que llegó a tener más de 5 millones de colombianos que encontraban allá mejores condiciones de vida. Es hora del retorno a la democracia porque de lo contrario, las nuevas generaciones no tendrán la oportunidad de respirar el aire de la libertad connatural al ser humano.