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Opinión

Un año del gobierno del cambio

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
10 de agosto de 2023

El primer año del "gobierno del cambio" revela un panorama desalentador: escándalos de corrupción, falta de reformas clave y una crisis interna que recuerda prácticas del pasado.

Por José Armando Benítez Tuirán Se acaba de cumplir el primer año del gobierno del cambio. Había que tener mucha fe, para creer que, con el partido Liberal, el partido Conservador y el partido de la U, como partidos de gobierno, se podía hacer un gobierno del cambio. Con Roy Barreras como presidente del Congreso del cambio (hágame el favor), se formó la aplanadora del Congreso, que le valió para aprobar la reforma tributaria y el Plan Nacional de Desarrollo, pero poco más. Y es que Petro, que no fue capaz de aprobar las reformas más trascendentales, entre ellas la de la salud y la reforma política, en menos de un año cambió a 11 de los 18 ministros que nombró y disolvió su coalición de gobierno después de 8 meses. Hoy el gobierno del cambio infortunadamente está siendo más de lo mismo y no por culpa de los políticos de siempre, sino por los del Pacto Histórico. Al compañero sentimental de la ministra Vélez le dieron contratos millonarios, además utilizó sus influencias para sacar a su hijo del país. En el Fondo Nacional del Ahorro, repartieron un centenar de puestos y el presidente del fondo, rebautizó la mermelada, como "partición burocrática legal". En la Unidad Nacional de Protección, se usan los carros para transportar drogas y narcos. Se han nombrado en consulados y embajadas a más de una decena de personas sin tener carrera diplomática. Gracias a la pelea entre Sarabia y Benedetti, nos enteramos de que poco ha cambiado la manera de gobernar. Pero ha sido la misma familia de Petro la que ha implosionado el gobierno. El hermano del presidente, Juan Fernando, está siendo investigado por presuntos pactos de dineros con extraditables a cambio de entrar a la "Paz total". La primera dama ha sido señalada de repartir contratos, puestos y embajadas. Pero fue Nicolás Petro, como tituló acertadamente El Meridiano, quién dio el golpe blando. Las declaraciones del hijo de presidente tienen a este país ad-portas de revivir los tiempos del proceso 8 mil y su ingobernabilidad. Sobran razones para afirmar que, en el gobierno del cambio, se siguen haciendo las mismas barbaridades que en los gobiernos anteriores. Quedan tres años, ojalá, Petro, pueda enrumbar su gobierno hacia un cambio, pero un cambio real. Y, sobre todo, que la ambiciosa "Paz total" nos conduzca a un escenario de paz real, porque por ahora, parecemos estar cayendo nuevamente en manos de la violencia.