
UMBRAL

Vivimos una transición entre el colapso y la esperanza. Las crisis, aunque aterradoras, son motores de cambio que impulsan nuevas posibilidades. El futuro es incierto, pero depende de nosotros.
Por José Arturo Ealo Hay tiempos de sosiego que parecen envolver lo que durará por siempre. Hay tiempos de reformas que azoran, hasta palpar las raíces de la humanidad. Nos hallamos en una transición rodeada de zozobra, en un tipo de lapso o interregno, entre las convulsiones del viejo mundo que agoniza y uno que lucha por emerger. Son cambios de era, inevitablemente, plagados de riesgos. Sin embargo, a pesar de esa energía nociva, también hay unas llenas de posibilidades. Las grandes revueltas de la historia mundial se pueden ver de la misma forma como verdadera señal de vigor que despeja la tierra de ideas desacreditadas e instituciones rumbo a la decadencia. La crisis debe considerarse un nuevo eje de crecimiento. Aceptar dicha naturaleza bifronte de la época actual a un tiempo aterrador y generativo, crea una visión muy distinta del futuro. No concebimos la historia como una línea recta que tiende, o bien hacia arriba, hacia una mejoría gradual, o bien hacia abajo, hacia un inevitable colapso. Más bien, vemos fases de relativa calma salpicadas de vez en cuando por periodos de gran agitación. Dichas crisis pueden ser arrolladoras y a la vez motores de la historia. El progreso y la catástrofe, esos opuestos binarios, en realidad están unidos por la cadera. Ambos, participan en una infinita danza de destrucción creativa, abriendo siempre nuevos caminos e ingresando a laberintos hacia lo desconocido. Nuestra época de revoluciones podría dar origen a una catástrofe mundial o llegar al colapso de la civilización moderna. Al igual, puede brindar posibilidades a cambios de beneficios. Ya podemos ver estas dinámicas contradictorias a nuestro alrededor. Una pandemia que dio fin a millones de personas y que estuvo a punto de causar el colapso económico, también ha empoderado a los trabajadores y disparado el gasto público en el desarrollo de vacunas, que pronto podrían dar una cura para el cáncer. Asimismo, una gran guerra territorial europea que ha arrancado a millones de personas de sus hogares y desatado una crisis energética mundial, ha acelerado de improviso el cambio hacia las energías renovables, lo que nos ayuda a combatir el cambio climático. Las soluciones que buscamos hoy, llegarán algún día a constituir la base de un nuevo orden mundial. Es imposible predecir adónde nos llevarán estos sucesos. Sólo sabemos es que el rito de nuestra civilización nos abre un umbral al futuro. De nosotros depende cruzarlo.