
Tres cosas que no vuelven

Hoy la política dejó de medirse por riqueza o pobreza; hoy se mide por conveniencia. Mientras unos discuten si es mejor Cepeda, Paloma o el Tigre, el país real sigue otro camino:
El gobierno mantiene a los estratos 1 y 2 a punta de subsidios, disfrazando la pobreza sin resolverla, mientras la clase media, esa de los estratos 3 y 4, carga con el peso tributario. El empresario reduce su nómina porque un salario mínimo mal entendido no genera empleo, lo destruye, y el sindicalismo, desde el discurso, defiende una realidad que ni siquiera aplica en su propia casa. Nos convertimos en un voto emocional, un voto que dejó de pensar en ideales y empezó a moverse por frustraciones. Se le dio la oportunidad a la izquierda de gobernar y fallaron, pero no es solo este gobierno; los anteriores también lo hicieron. La diferencia es que las oportunidades no son infinitas, son únicas y esta se perdió. Hoy el país debe mirar desde la realidad de la clase media baja, la que trabaja, la que creyó, la que apostó por el cambio y hoy no ve resultados, esa que siente un Estado cada vez más débil, pero al mismo tiempo más exigente con quienes sí producen; así no se gobierna. Hay tres cosas que no vuelven en la vida: la oportunidad perdida, la flecha lanzada y la palabra dicha, hoy esa oportunidad ya pasó. Colombia no es un país conservador de partido, es un país conservador de principios, y lo que hoy se está buscando no es ideología, es orden, confianza y dirección. Colombianos, es hora de despertar, cesó la horrible noche. Abelardo, presidente.