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Opinión

¿Traición, alianza o caos?

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
1 de diciembre de 2025

En las últimas semanas ha estallado un escándalo que sacude el frágil equilibrio del conflicto armado en Colombia: surgieron acusaciones de que mandos militares y de inteligencia estarían compartiendo información con disidencias de las Farc, lo que pone en entredicho la supuesta lucha del Estado contra lo que llama "terrorismo".

Qué ha ocurrido. Según informes recientes, un general del ejército, Juan Miguel Huertas, junto con un alto funcionario de inteligencia, Wilmar Mejía, fueron suspendidos provisionalmente tras descubrirse correos y chats en los que aparentemente facilitaban movimientos de tropas, compartían datos estratégicos e incluso colaboraban en logística con las disidencias de las Farc bajo mando del otrora guerrillero conocido como Calarcá. La Fiscalía abrió investigación mientras el debate político se enciende: para algunos, esto prueba una infiltración profunda de redes criminales en el aparato estatal; para otros, un montaje mediático con fines políticos. Este presunto contubernio socava los fundamentos del "poder legítimo". Cuando quienes deben combatir el crimen lo facilitan, se revela un sistema doble: discursos de seguridad y, al mismo tiempo, complicidades que alimentan la guerra. La desconfianza ciudadana crece: si los cuerpos del Estado traicionan su misión, ¿quién protege a las víctimas? En zonas como el Catatumbo, que ya sufre una nueva ola de combates entre ELN y disidencias, y desplazamientos masivos, la idea de que haya colaboración oficial con grupos armados horroriza aún más. Crisis de legitimidad del gobierno y de las fuerzas armadas. Mayor violencia: el conflicto armado se refuerza, no disminuye. Las disidencias crecen en número y territorio durante este gobierno. Desplazamientos y víctimas civiles: zonas rurales vuelven a convertirse en campos de guerra, como ocurre con el Catatumbo. ¿Qué significa "contubernio"? ¿Traición al país? El término describe una alianza clandestina: no solo la lucha armada contra el Estado, sino una fusión perversa entre actores que deberían estar en bandos opuestos. Que exguerrilleros y disidentes mantengan la guerra no es novedad, pero que obtengan información del Estado, apoyo logístico o impunidad es traición institucional.