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Opinión

Tragedia sin límites

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
12 de febrero de 2026

Ha sido tanta el agua derramada sobre la planicie cordobesa en las últimas dos semanas, que la población siente impotencia por tomar acciones que tiendan a controlar el fenómeno, porque los medios disponibles son rebasados por la persistencia de las lluvias, que de manera torrencial caen sobre un territorio que, por su configuración, consideramos exento de sufrir esos embates que, en otras latitudes, son como el pan de cada día.

Sin ninguna discusión, lo primero que procede por parte de la sociedad y sus instituciones es la atención inmediata a los miles de afectados en su integridad, buscando refugios donde puedan estar y proveyendo los materiales para la subsistencia, mientras pasa la tormenta y pueden regresar a sus casas o lo que queda de ellas, a dar la lucha por el restablecimiento de sus condiciones habitacionales. Superada la alimentación y la vivienda y de forma simultánea, está el tema de la salud por la proliferación de vectores y la enfermedad que no se hace esperar, especialmente en la población infantil, por la mezcla de las diferentes aguas que vuelven el ambiente un foco de contaminación, que demanda la efectividad de brigadas y convertir las instituciones de salud en una especie de "hospitales de guerra". Con la esperanza de que el Nudo de Paramillo deje de tronar y su visitante, el viento ártico frío que le hizo "visita" en esta temporada de verano, termine y que echó por tierra la normalidad climática del trópico, haciendo que los pronósticos "flaquearan", se pase a enfrentar la dura reconstrucción que inicia por las viviendas de los afectados, sus enseres y el mundo de negocios que se fueron a pique con las inundaciones, con todo lo que encierran: personas, empleo, mercancías y servicios. Esta etapa es un gran reto para nuestra sociedad, porque nace de la destrucción del tejido social, y que se puede valorar en billones de pesos que no se tienen en estos momentos en ninguna instancia del departamento, y que ameritan la intervención del estado nacional, para que de forma diligente y sin buscar de entrada culpables y achacar responsabilidades, lo que importa es la atención a la situación de la gente, como han sido las muestras de solidaridad de gran parte de la ciudadanía. El trabajo es quijotesco, empezando por aprender que la cooperación y solidaridad son la mejor forma de avanzar, tareas que implican el traslado o reubicación de barrios enteros, la recuperación de las fuentes de agua para que cumplan su ciclo natural, llevándolas a una especie de estado natural con riberas reforestadas y amortiguadoras de las crecientes, esfuerzo que demanda inversión y compromiso, pues habitar sobre un manantial de riquezas implica asumir responsabilidades y costos que no siempre son evidentes, pero que resultan indispensables para la prevención y el desarrollo sostenible de la región.