Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Tradición vs. Modernidad

Bibiana María Guerra de los Ríos
Bibiana María Guerra de los Ríos
Columnista
15 de diciembre de 2024

El Día de las Velitas en Colombia ha evolucionado. Desde las velas tradicionales hasta los drones y luces, las celebraciones navideñas cambian, impulsadas por seguridad y conciencia ambiental.

Por Bibiana María Guerra De Los Ríos Por ahí dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”. En algunos casos, como en este, creo que sí aplica. El pasado 7 de diciembre celebramos el día de las velitas, una fiesta muy tradicional en Colombia que ha cambiado con el paso de los años. Con tantas restricciones ambientales, de seguridad y avances tecnológicos, la celebración dista mucho de lo que era antes. De esta experiencia surgieron varias reflexiones. En primer lugar, aunque todavía se venden velas de diversos materiales, en muchos casos se han reemplazado por velas eléctricas, reciclables y sin residuos. Aquella época en la que hacíamos bolas de cera y dibujábamos formas imaginarias en el aire con las chispitas mariposas quedó atrás. Es entendible que el número de quemados es alarmante y que el fuego implique riesgos, pero aquellas aventuras vencían a la ignorancia y al miedo. En segundo lugar, una de las actividades que más disfrutaba de adulta era escribir la carta a Papá Noel o al Niño Dios, pero ya no para pedir regalos materiales, sino espirituales. En ese entonces, enviábamos nuestros deseos al cielo con bombas de helio, siguiendo su travesía con la mirada hasta que desaparecían entre las nubes. Hoy, para reducir la contaminación ambiental y los riesgos a la fauna y la flora, las bombas han sido reemplazadas por drones. Este año, un gran dron se llevó mi carta, mientras que la hija de una amiga prefirió guardarla y confiar en su elfo casero. ¡Quizás haya tenido razón! En tercer lugar, en Bogotá eran famosos los shows de fuegos artificiales durante la época navideña. Con sus colores y formas espectaculares iluminaban el cielo, aunque el estruendo resultaba amenazante para muchas especies. Las restricciones nacionales han llevado a reemplazar esos espectáculos por shows de luces y drones que, aunque muy modernos, ofrecen una experiencia diferente a la de antes. Escuchando las historias de nuestros padres, resulta imposible hablar de esta celebración sin evocar el ambiente de barrio que se vivía con mayor intensidad en cada rincón de Colombia. Era común ver a vecinos reunidos en las aceras y en las calles, encendiendo faroles con diseños artesanales, mientras sonaban villancicos interpretados por coros improvisados o grupos familiares. No es fácil desprenderse de las tradiciones y aceptar los cambios. Debemos adaptarnos y aprender a convivir con las restricciones que, en buena hora, se imponen para proteger el planeta. Por suerte, algo que sí permanece es la tradición culinaria: las típicas onces santafereñas con almojábanas, buñuelos, tamal, queso doble crema y chocolate, acompañadas de canelazo y natilla. Ya veremos cómo evoluciona todo. Mientras tanto, ¡Larga vida a la comida! Twitter: @BibianaMaGuerra