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Opinión

Trabajar, trabajar y trabajar

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
30 de mayo de 2025

El mantra "trabajar, trabajar y trabajar" de Uribe impulsó la prosperidad en Colombia, según el análisis. Seguridad, inversión y desarrollo contrastan con la situación actual, que lamenta la autora.

Por Arianna Córdoba Díaz "Trabajar, trabajar y trabajar" esta frase pronunciada por el presidente de Colombia entre 2002 y 2010, Álvaro Uribe Vélez, se terminó convirtiendo en una consigna o mantra que permeó la conciencia de los colombianos y llevó al país a una época muy buena, en la que hubo prosperidad, seguridad, austeridad, inversión extranjera y desarrollo de necesarias e impactantes obras de infraestructura en el territorio nacional, entre otras. Lo mejor de "trabajar, trabajar y trabajar" es que el mismo presidente Uribe era totalmente coherente y daba el ejemplo de ello, pues desde la madrugada y hasta bien entrada la noche sabíamos que estaba laborando, gestionando, decidiendo, organizando, planificando, en fin, que estaba trabajando por el bien de todos en esta gran empresa llamada Colombia. Lógico, como nada enseña más que el ejemplo, pues la gran mayoría de los colombianos, en esos no muy lejanos años, le seguimos la corriente y nos pusimos a trabajar con empeño y dedicación. Nos concientizamos de que, para salir adelante nosotros, nuestras familias, nuestras ciudades y, por ende, el país, lo mejor era trabajar. El Estado cumplió y nos dio las garantías. No todo fue miel sobre hojuelas, pero la gran mayoría de problemas se superaron y salimos adelante: Colombia era un mejor vividero. Comenzaron a llegar los logros: con seguridad democrática hubo notable reducción de violencia, de secuestros; se arrinconaron los grupos al margen de la ley; sentíamos que nuevamente podíamos recorrer el país sin temor de pescas milagrosas o de ser plagiados; hubo una mayor presencia del Estado en los cuatro puntos cardinales del territorio; se respiraba seguridad. Eso contribuyó a una estabilidad macroeconómica notoria, una reducción de la inflación y se registró un interesante control del déficit fiscal; llegó entonces la inversión extranjera que representó una sustancial mejora a la economía nacional y hubo la llamada confianza inversionista y hasta se fusionaron o eliminaron varias entidades públicas, buscando mayor eficiencia. Recuerdo entonces lo comentado por una colombiana radicada en los Estados Unidos en una charla casual: "Con Uribe ya estábamos preocupados, porque por lo general cuando uno visita al país cambia los dólares por pesos colombianos y uffff rinde mucho, pero cuando él gobernaba, casi, casi, el dólar equivalía a lo mismo que el peso colombiano", es decir, nuestra moneda en vez de devaluarse, como habitualmente pasa, se revaluaba. Fueron muchos los aciertos de Uribe durante sus dos períodos presidenciales, no en vano mantuvo siempre su nivel de popularidad entre el 60% y 80% de aprobación y tanta fue la sintonía de la gran mayoría de colombianos con él que hasta lo reelegimos después de haber estado abolida esta figura. En estos momentos, me nace una vez más decir "cuánta falta nos hace Uribe" pues parece que hemos dado un giro de 180 grados y ahora en vez de impulsar a la gente a trabajar, lo que parece que alienta el gobierno es las huelgas, las protestas, la anarquía. Miren nada más, este miércoles la gente quería salir a trabajar y se lo querían impedir los promotores del mal llamado paro nacional. Al gobierno le recordamos, si para el aparato productivo, no hay platica para Ferragamos, viajes a Panamá ni para combustible a los aviones que los llevan a múltiples destinos internacionales. Más bien, hay que ponerse a trabajar, trabajar y trabajar.