
Tomarnos nuestro tiempo

Que bien sienta poder tomarnos nuestro tiempo. No siempre es necesario que hagamos determinadas cosas justo en el momento en que los otros esperan que las hagamos. No hace falta que nuestras actuaciones coincidan con las expectativas de los demás. Continuamente estamos sometidos a los estándares sociales que pretenden determinar qué debemos hacer en cada etapa de nuestras vidas, pero muchas veces nos encontramos con que, aquello que para muchos es urgente, para nosotros simplemente puede esperar.
Tener un título universitario o una profesión definida parece una carrera por demostrar quién llega primero. No importa si encontraste tu vocación o si diste por fin con aquello a lo que quieres dedicar tu vida, da igual, profesional: cuanto antes mejor. Hay que ser padres jóvenes para que tus hijos crezcan rápido y puedas tener nietos aun siendo joven. Tanto da si ya has adquirido la responsabilidad necesaria para traer una vida al mundo, no importa si no te apetece todavía conformar un hogar, da igual si encuentras o no a la persona adecuada para compartir tu vida, aquí lo que parece importar realmente, es que no se te pase el arroz, que no te deje el tren, da igual si eres un irresponsable, tienes que ser padre antes de que te pongas viejo. Y así ocurre con casi todo en la vida. Parece que la sociedad nos empujara a ir constantemente acompasados con un cierto grupo de personas, únicamente porque tenemos los mismos años. No tener o no haber hecho ciertas cosas a una determinada edad te convierte en un fracasado, en un fiasco para la sociedad. Sin embargo, la vida está llena de ejemplos que desmantelan todas esas creencias absurdas. Hay mujeres pariendo a los 40 porque antes no habían podido o porque no habían querido. Hay gente graduándose, de lo que en realidad aman, pasados los 50. Hay muchos cumpliendo sueños cuando ya parecía que iban a dejar de cumplir años. Éxitos que llegan a la edad adulta, porque ha sido la madurez la que ha traído las ganas de emprender un nuevo reto. El tiempo de Dios es perfecto. Y nuestro tiempo también lo es. Muchas cosas ocurren por la gracia divina y llegan cuando deben llegar. Las otras, aquellas en las que nosotros podemos decidir cuándo van a ocurrir: tienen que pasar cuando a nosotros nos apetezca, cuando nos plazca y de ninguna manera, cuando los otros quieran. Qué bueno poder tomarnos nuestro tiempo.