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Opinión

Todos hablan de todo… y muy poco de salud

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
10 de diciembre de 2025

En Córdoba, la campaña al Congreso avanza con la misma coreografía de siempre: reuniones, jingles recalentados, promesas de desarrollo y discursos de “territorio olvidado”. Pero en medio de toda esa bulla electoral hay un silencio: casi nadie, o muy muy pocos, dicen algo serio sobre la crisis del sistema de salud. Y no estamos hablando de un tema marginal, sino del sistema que sostiene, o al menos intenta sostener, la vida de 1,9 millones de cordobeses.

Mientras el país debate si el modelo aguanta un año más, si el aseguramiento sobrevive, si la red pública se muere lentamente o si la atención primaria se quedó en un PowerPoint, acá la gran mayoría de aspirantes prefieren pasar eso por alto. Se detienen en cualquier cosa que no obligue a incomodar a aliados, financiadores o estructuras. A veces es por cálculo, otras por desconocimiento. Pero el resultado es el mismo: un gran vacío programático. La realidad es dura. Córdoba tiene tasas altas de enfermedades prevenibles, una red hospitalaria que sobrevive a punta de profesionales y técnicos mal pagos, salarios rezagados y deuda acumulada; municipios sin capacidad de vigilancia en salud pública; infraestructura que se cae y un sistema que depende más de la buena voluntad del personal que de un diseño funcional. Pero de eso, parece que los candidatos no hablan. Hablan de transformación, pero no dicen qué van a transformar. Hablan de equidad, pero no mencionan cómo evitar que un paciente espere tres meses por una consulta prioritaria. Hablan de prevención, pero no explican cómo financiar un modelo preventivo con municipios sin talento humano y sin epidemiología territorial. Hablan de defender los derechos, pero no dicen cómo asegurar continuidad de tratamientos cuando el aseguramiento colapsa financieramente. Las propuestas concretas que existen caben en un tuit. Lemas, intenciones, vaguedades y lugares comunes. Ni rutas, ni cifras, ni proyecciones, ni modelos de transición, ni visión de mediano plazo. Y sí, es cierto, la salud es un tema políticamente riesgoso. Tomar postura obliga a conocer el sistema y a reconocer sus fallas estructurales. Obliga a incomodar. Obliga a elegir entre populismo y responsabilidad. Pero aspirar al Congreso sin una visión clara de salud en 2026 es como pretender ser piloto sin saber cómo aterrizar el avión. La ciudadanía también tiene responsabilidad, a veces premia el gesto antes que la profundidad. Pero incluso así, uno esperaría que en un departamento que ha sufrido crisis hospitalarias recurrentes, con cierre de algunos servicios, y donde la ruralidad enfrenta barreras brutales de acceso, los aspirantes entendieran que ignorar la salud es ignorar el territorio. La campaña apenas empieza. Necesitamos más candidatos con el valor de hablar con claridad, con datos y con técnica. No promesas infladas, sino propuestas verificables. Porque lo que está en juego no es un escaño, es la salud del departamento y el país enteros. En resumen: Necesitamos que todos los candidatos hablen más de salud.