
Toda oferta….

La tierra está dividida en 195 países que se han organizado bajo distintos sistemas de gobierno que fueron el resultado de conquistas y confrontaciones que, en el siglo XX, llevaron a dos guerras mundiales y después a otras de carácter local que se dieron simultáneas a la creación de una especie de derecho internacional liderado por la Organización de las Naciones Unidas, ONU, que fungió como una especie de guardián para resolver conflictos.
En la práctica, la ONU no tuvo los "dientes" para evitar las guerras porque terminó imponiéndose el derecho local al general y la capacidad de veto de los más fuertes, que a su vez son miembros permanentes del Consejo de Seguridad sin que haya obstáculos legales que lo impidan, como en el caso de Ucrania por parte de Rusia y de Venezuela por los Estados Unidos, aunque en un sistema democrático, en teoría, con independencia de poderes, se deben buscar las herramientas legales para desatar una intervención. El gobierno de los Estados Unidos la encuentra en el tráfico de drogas, en particular la cocaína que se produce en los países andinos, donde se procesa y transporta al mercado norteamericano, con la particularidad de que pasó de carteles de la droga que, al recibir cuantiosas rentas por el tráfico, terminaron impactando la estabilidad de los países productores y el desarrollo de una política antidrogas represiva por parte de las naciones consumidoras. Este asunto entre la oferta y la demanda es de vieja data y hace parte de la discusión entre las corrientes del pensamiento económico que tuvieron a los clásicos como sus precursores y a los neoclásicos sus desarrolladores, afirmando que "toda oferta crea su propia demanda", cuya interpretación original era que al elaborar un producto, se producía la demanda de insumos, punto que, ante las crisis de sobreproducción, falta de demanda, llevó a la teoría keynesiana de la demanda a timonear la economía por parte de los Estados. Cerca de 50 años se impuso en los países la teoría de la demanda, hasta la crisis de los setenta, que, retornando a los clásicos, vuelve a decir que el problema ahora inflacionario y de empleo era de oferta y, en torno a esto, se montaron nuevos paradigmas de productividad y eficiencia, calidad en el uso de los recursos que en el terreno económico produjeron una revolución, pero en el político un encerramiento nacional que buscó "ir despacito" y dejar las cosas al natural, pese a las carencias existentes. Se dice por los países productores de droga que el combustible es la demanda, en tanto los consumidores sostienen lo contrario, que es la oferta y, por tanto, hay que atacarla en su origen. Bajo estas consideraciones, el asunto trasciende los estrechos marcos nacionales y amerita una revisión y cambio del derecho internacional para enfrentar las nuevas realidades mundiales.