
Titulitis universitaria: problema de nuestra educacion (I)

La "doctoritis" colombiana, arraigada en la educación, enfrenta un futuro incierto. La sobreproducción de profesionales y el avance de la tecnología amenazan el mercado laboral.
Por Valmiro Sobrino Oliveros Una señora que trabajaba conmigo me solicitó ayuda para ingresar a su hijo a la universidad. Me dijo que quería tener un doctor. Como ella todas las madres quieren que su hijo sea un "doctor". En Colombia se le dice doctor a cualquier joven que ha cursado un pregrado universitario. Es una satisfacción inmensa para el graduando y su familia que apenas reciba el diploma le digan al muchacho "el doctor". Esa satisfacción personal está teniendo un precio alto tanto en el presupuesto familiar como en el de la nación y más adelante con el avance de la informática y de la inteligencia artificial va a ser peor. La doctoritis colombiana es una herencia de nuestro sistema educativo decimonónico. Con la excepción de Brasil (y al cual le falta bastante todavía) ninguno de los países suramericanos ha entrado en la quinta revolución industrial. Somos aún productores de materias primas pero no productoras de conocimiento lo cual nos aleja de las naciones postmodernas. Si fuésemos capaces de dar "el salto", es decir enchufarnos dentro de 15 o 20 años en el mundo de la producción de conocimiento esta titulitis quedaría totalmente obsoleta y nuestros profesionales no tendrían oficio. Por ejemplo, las facultades y programas de derecho de la Costa Caribe producen anualmente tantos abogados como una fábrica de baldosas. En 15 años el derecho que se enseña hoy (con excepción del derecho penal) no tendrá cabida en nuestras sociedades. El metaverso, la IA y las tecnologías emergentes cambiarán la relación entre las personas. La era digital desbordará los conceptos tradicionales del ejercicio jurídico. La sociedad de la era tecnológica tiene que llegar a Suramérica y los profesionales que esta región necesitará desbordan el concepto confesional de nuestra educación. Para colmo las escuelas de derecho no forman juristas sino litigantes. En las próximas dos décadas cualquier ciudadano podrá desde la sala de su casa tener acceso a un juzgado o a una notaría para dirimir una situación judicial con la sola ayuda de un software y de un amanuense del juzgado o de la notaría. Pero esto no solo ocurrirá en el derecho como lo veremos en el próximo artículo.