
Tertulia taurina

Aficionados taurinos se reunieron en Montería para debatir sobre el futuro de las corridas, ante la creciente oposición. El evento analizó la evolución del toro bravo y defendió la libertad cultural.
Por Álvaro Bustos González En vista del ataque sistemático de las corrientes animalistas y del "progresismo" en general contra las corridas de toros, se le ocurrió a Andrés Ramos Cabrales convocar a un grupo de aficionados a un conversatorio en el quiosco que se construyó en el lugar donde fue la gallera del Club Campestre, en Montería, para escuchar una ponencia del abogado Oscar Corrales Viola, experto en la genealogía del toro de lidia, y discurrir un buen rato sobre el estado actual de la fiesta y su futuro. Ahí comparecieron, entre otros, Abelardo de la Espriella, Jorge Pardo Barguil y su hijo, Hernando Berrocal Cabrales, Libardo José López, Pablo García Ávila, el historiador Alexis Jattin Torralvo, el pintor Gabriel Atencio, Manuel Prisciliano Cabrales, Rodolfo Cabrales Gómez, Héctor García, Juan Carlos Méndez y Hans Dau Martínez, quienes estuvieron muy acuciosos durante toda la tenida, prolongando algunos de ellos el encuentro hasta altas horas de la noche. Se trataba de hacer un recorrido por las distintas etapas evolutivas que, de la mano del empirismo y la zootecnia española, han llevado al toro bravo desde su presencia montaraz en las planicies europeas, como raza, no como especie, a convertirse en el epicentro de una ceremonia mítica que tiene significados metafóricos y dramáticos alrededor de la vida, la muerte, el valor, el temple y el carácter, y de unas emociones estéticas que se parecen a la danza, la pintura y la música. Por eso alguien dijo que los toreros son los últimos héroes de nuestra civilización. Quedó claro que toda la vida las corridas de toros han tenido detractores, que muchos de los que hoy hablan de maltrato animal en algún momento dispensaron sonoros olés en diversas plazas, que la intervención de intereses ideológicos y políticos no ayuda a entender los entresijos de una expresión cultural compleja y hermosa, y que nadie tiene derecho a imponerle sus prejuicios o convicciones a los demás, por "progresistas" que se autodenominen, sin herir de muerte el concepto de libertad. A quien no le gusten las corridas, simplemente que no vaya, que ya el tiempo se encargará de poner cada cosa en su lugar, quizá cuando se acaben la casta y el sentido sacrificial de la existencia. Mientras tanto, quienes presumen de superioridad moral seguirán esparciendo, como un incienso, su prohibitivo sermón sobre los sobrevivientes del viejo y glorioso arte de Cúchares. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.