
Tendencia capitalista mundial

Tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo liderado por EE. UU. transformó la economía global con el Plan Marshall y Bretton Woods, impulsando el crecimiento, pero también la desigualdad.
Por Félix Manzur Jattin Tras la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. y Europa emprendieron un proceso de reconstrucción económica. El Plan Marshall (1948-1952) fue un motor crucial: Estados Unidos destinó 13 mil millones de dólares para revitalizar Europa Occidental, consolidando democracias capitalistas y frenando el avance del comunismo soviético. En paralelo, los acuerdos de Bretton Woods (1944) establecieron instituciones como el FMI y el Banco Mundial, garantizando estabilidad económica internacional mediante el dólar como moneda de referencia. Europa vivió un auge económico durante las décadas de 1950 y 1960. La Comunidad Económica Europea (CEE), precursora de la Unión Europea, promovió la integración económica y el comercio. EE. UU., consolidado como potencia económica, lideró avances tecnológicos y financieros, siendo epicentro del sistema capitalista global. El Consenso de Washington fomentó reformas neoliberales en países en desarrollo: privatización, liberalización del comercio y disciplina fiscal. Aunque estas medidas modernizaron economías, también exacerbaron desigualdades sociales. El capitalismo enfrentó desafíos desde el Club Bilderberg, un foro de líderes occidentales que debatieron políticas globales. Este grupo es acusado de influir en la agenda económica mundial, aunque carece de carácter oficial. En contraste, el comunismo enfrentó un declive. La Perestroika y el Glasnost de Mijaíl Gorbachov (1985) intentaron modernizar la Urss, pero precipitaron su colapso. La caída del Muro de Berlín (1989) marcó el fin del bloque socialista en Europa. China, adoptando reformas económicas bajo Deng Xiaoping, emergió como potencia capitalista controlada por el Partido Comunista. Rusia, bajo Putin, revitalizó su economía mediante recursos energéticos, buscando restaurar influencia geopolítica. El capitalismo demostró su capacidad de adaptarse e innovar, generando crecimiento y avances tecnológicos. Sin embargo, su impacto negativo incluye desigualdad y crisis financieras recurrentes. El comunismo, por su parte, fracasó en garantizar prosperidad, evidenciando su rigidez y autoritarismo. La dinámica global actual está marcada por la competencia económica entre EE. UU., Europa, China y Rusia, donde el capitalismo persiste como modelo predominante, pero enfrentando cuestionamientos éticos y desafíos ecológicos. En cuanto al esquema económico colombiano hasta el mismo Petro en su plan de gobierno esbozó planteamientos de capitalismo con rostro humano.