
Tan próximo, tan alejado y olvidado

Como el "Érase una vez…" Es de esos lugares como si los pobladores que lo transitan fuesen una masa de esqueletos rondando en el cementerio abandonado de una sola calle. Da inquietud. Enajena. Absorta.
Es uno de esos pueblos como si fuesen habitados de fantasmas y afligidos por su historia. Sí… tan próximo, pero con sensación o soplo de ubicarse en una región del tiempo. Como el "Érase una vez…" Es de esos lugares como si los pobladores que lo transitan fuesen una masa de esqueletos rondando en el cementerio abandonado de una sola calle. Da inquietud. Enajena. Absorta. Es una existencia de ánimas que trascienden en el reino de los vivos, donde los más afortunados murieron primero, hallando un consuelo en los recuerdos de una extensión con muchas aguas, taruyas, zapales y trechos de guano. Memoria después de su partida en un mundo de imprecisiones. Cada vivienda y esquina en olvido narran una historia de esperanzas perdidas y promesas que se desvanecieron. Es vena que turba. Vaga con el tiempo y con esa fugacidad de la existencia humana. Caminar por esas rutas no es solo trasegar ese viaje físico, sino una experiencia que estremece. Hay vestigios de rencores y de anhelos en ruinas. Su reflexión es sobre la fragilidad de la vida misma. El silencio de su calle en descanso, expresa mucho más de las historias que encierra. Sus pasos de un antaño bullicioso y animado, ahora es invadido por hondos silencios. Es un umbral hacia la glosa inédita que yace en una mortaja de aposentos vacíos. No es ese silencio, no, con ausencia de ruido, sino una presencia de antimateria invocando risas y diálogos que exhortaron la calle que afluía en las inmediaciones de lo que una vez fue puerto. Avideces. Conexiones incumplidas. Casonas solariegas y aceras vacías erigiéndose como testigos mudos. Invitan a explorar los susurros del ayer que permanecen en ellas. Su captura es la esencia surrealista y cautivadora del despojo. Aún, en medio de este escenario desolador, los vivos pueden hallar consuelo. No están solos. Las almas de los difuntos, cuyos recuerdos perduran en la esencia misma del pueblo, ofrecen una compañía que trasciende los límites de la mortalidad. Es en las sombras parpadeantes y los secretos afligidos de ese paraje, donde los vivos en su último aliento es encontrar consuelo e incluso aprender de la sabiduría que dejaron quienes una vez llamaron vivir a este lugar. Hay un discurso sólido que lo abarca todo donde nada existe y un relato verosímil veda los agujeros donde hay un vacío. Se halla en los lugares más inesperados: próximos, lejanos y a la vez olvidados.