
Tambalea, pero no cae

La política colombiana enfrenta nuevos desafíos. Escándalos palaciegos y acusaciones recuerdan crisis pasadas, poniendo a prueba la solidez democrática del país.
Por Miguel Mercado Vergara Tal vez nunca imaginó el Presidente Petro que muchas de las tormentas políticas que en el pasado de una u otra manera protagonizó, hoy le hagan ronda por las escalinatas de palacio y lo tengan sumido en un espinoso callejón cuya salida nadie sabe qué rumbos tendrá. La dinámica política en las democracias no deja de dar giros inesperados. En Colombia, donde nos preciamos de tener una de las más sólidas de toda la América Latina, nunca han faltado estos episodios que sin duda se convierten en una prueba de fuego que permite saber qué tan consistente es el régimen institucional que nos gobierna. Aquí, la democracia tambalea pero no cae. Salvo la salida por la fuerza que significó el golpe de Estado de Rojas Pinilla, que surgió como solución de la aguda crisis que generó la violencia bipartidista de entonces, en los últimos 50 años el país ha sabido sortear todas las tropelías que han estremecido los cimientos del discurrir nacional quedando siempre a salvo y consolidada nuestra democracia. El suceso más candente de los últimos tiempos y que mantuvo en vilo la institucionalidad por largos meses tal vez lo fue el del sonado proceso 8.000. Se dijo por aquellos convulsionados días que el narcotráfico había llegado al corazón de la campaña que llevó a Ernesto Samper al solio presidencial y determinó su triunfo. El escándalo alcanzó tantas dimensiones que no dejó títere sin cabeza y un estruendo de tal magnitud que aún es el referente más simbólico para rememorar aquella aciaga etapa del acontecer nacional. El paramilitarismo ha sido otro de los espantosos fantasmas que han puesto a tambalear la democracia en este lado del mundo. Pero a pesar de su penetración que siempre ha buscado alianzas con el tráfico de estupefacientes, no ha sido capaz de derribar el sistema democrático muy a pesar de que también lo ha estremecido en ocasiones. Se pensó que la "ñeñepolitica", emblema de otros días tormentosos, podía derribarla pero no fue así y el asunto quedó en el escándalo que todos sabemos. Hoy, el tema de los escándalos palaciegos vuelve al escenario nacional con el telón de fondo de los dineros sucios. Pero ya el mismo que prendió la llama, el ex embajador Benedetti, comenzó a diluirlo, reculó afirmando que cuando dijo lo que dijo lo dijo porque estaba tomado.