Sustitución de importaciones ¿Pecado capital?
Colombia, atascada en la exportación de materias primas, enfrenta una inminente estanflación. El autor analiza la necesidad de un plan de choque económico que incluya exportaciones no tradicionales.
Por Rafael Yesid Salas Pérez Un atributo de las sociedades parroquiales es la tendencia a sacralizar las ideas que nos venden quienes vemos como superiores, mientras satanizamos cualquier pensamiento alternativo por razonable que parezca. Peor aún, nos acostumbramos a ser víctimas de la falacia ad verecundiam, en la que, insólitamente, a quien percibimos como autoridad es la misma contraparte con la que negociamos en el plano internacional. Bajo ese paradigma, nos han destinado a vender café, petróleo, carbón y ferroníquel por los siglos de los siglos, mientras que la producción de bienes manufacturados a gran escala y con valor agregado, debemos dejarla a los países industrializados. Hago esta reflexión en el marco de una coyuntura económica que como bien trinó el exministro José Antonio Ocampo en X, requiere de un plan de choque basado en tres elementos. El primero es el llamado a reducir las tasas de interés. El segundo obedece a una mejor ejecución de la inversión pública y por último, una política ambiciosa de exportaciones no tradicionales, a lo que dedicaré las siguientes líneas. Hace más de treinta años, el expresidente César Gaviria promulgó la Ley 7 de 1991, con la que se inició un proceso de apertura económica que debía fortalecer nuestro sector externo, a través de la competitividad de nuestros productos en los mercados internacionales. Tres décadas después, Colombia no es un país industrializado, su balanza comercial que a finales de los ochenta era positiva, hoy es negativa, no producimos bienes manufacturados de valor agregado ni de alta tecnología y nos enfrentamos a una estanflación inminente. Mientras que Corea del Sur tiene a Samsung y Hyundai, nosotros seguimos con Ecopetrol, con las multinacionales extranjeras que explotan el carbón y la Federación Nacional de Cafeteros. El sector externo, como en los noventa, sigue dependiendo de las exportaciones tradicionales que para el 2023 representaron FOB 57% de las totales. Si hoy preguntamos a nuestros gurús en economía sobre implementar una política de sustitución de importaciones, muchos se rasgarían las vestiduras. Pero no les interesa detenerse a pensar que la alta inflación del bienio 2022-2023 se debió, en gran medida, a depender de la importación de bienes procesados que podríamos producir nosotros mismos para satisfacer la demanda interna. La excusa que nos dan los libros de economía es que no podemos competir por nuestra baja productividad y altos costos de producción. Al parecer, tampoco vale la pena intentarlo… Es pecaminoso creer que podemos hacerlo. Para quien escribe, la sustitución de importaciones suavizada a mediano plazo es una alternativa al tercer elemento de Ocampo. No es proteccionismo, es interés nacional.