Supresión de Comandos Conjuntos
La reestructuración de las Fuerzas Militares colombianas (Resolución 4760/2024) genera preocupación y expectativa. Se suprimen unidades clave en la lucha contra grupos armados, en un contexto de resurgimiento de amenazas.
Por Rafael Negrete Quintero El reciente anuncio de la Resolución 4760 de 2024, que reestructura las Fuerzas Militares de Colombia, ha generado una mezcla comprensible de preocupación y expectativa en la ciudadanía. Este cambio implica la supresión de las Fuerzas de Tarea Conjunta y de algunos Comandos Conjuntos, estructuras que durante años resultaron fundamentales en la lucha contra actores armados ilegales y el narcotráfico, logrando éxitos resonantes en momentos críticos. Por ello, no sorprende que esta medida sea vista con cautela, especialmente cuando el contexto de seguridad actual refleja un resurgimiento de amenazas en varias regiones del país. Las voces críticas insisten en que se debe evaluar a fondo esta reorganización, señalando que las circunstancias no parecen idóneas para un cambio de tal magnitud. En los últimos años, decisiones como la limitación de bombardeos y el aumento de cultivos ilícitos han fortalecido a grupos como el ELN, las disidencias de las Farc y diversas bandas criminales. Así, el temor de algunos es que prescindir de las Fuerzas de Tarea Conjunta y los Comandos Conjuntos pueda erosionar la capacidad del Estado para contener estos grupos, y peor aún, que el país retroceda a épocas en las que la criminalidad campaba sin mayores obstáculos. Sin embargo, también es legítimo reconocer que la adaptación y el cambio son esenciales en un entorno dinámico. Las Fuerzas Militares, como cualquier institución, deben ser capaces de transformarse para responder de manera más eficiente a las amenazas actuales. El propio comandante de las Fuerzas Militares, el Almirante Francisco Cubides, ha señalado que esta reorganización busca una optimización de recursos y una mejor distribución de capacidades. Es decir, que la nueva estructura no necesariamente implica una reducción de la efectividad operativa, sino una estrategia renovada que, esperamos, logre hacer frente al crimen con igual o mayor eficacia. El reto radica en asegurar que esta transformación se realice de forma estratégica y prudente, sin comprometer los logros obtenidos por las unidades disueltas. Como país, confiamos en que estos cambios no signifiquen el abandono de la "conjuntez" y la coordinación efectiva que han sido clave en operaciones como la famosa Fuerza de Tarea Omega. Esperamos que la nueva estrategia responda con realismo a las complejidades de seguridad que enfrentamos y que no retrocedamos en la protección de nuestro territorio y nuestra ciudadanía. El momento exige de todos –Estado, Fuerzas Militares y sociedad– un compromiso firme con la paz y la seguridad. Como ciudadanos, debemos rodear y respaldar a nuestros soldados y oficiales, sabiendo que ellos también se enfrentan a la incertidumbre de este nuevo rumbo. Que esta reestructuración, al final, nos acerque más a una paz real y a un Estado que proteja efectivamente a todos sus habitantes.