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Opinión

Superar la informalidad

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
24 de abril de 2025

Combatir la informalidad laboral, que afecta al 58% de la población, es crucial para modernizar la economía. Esto impulsaría el crecimiento, la democracia y el desarrollo social.

Por Fernando Negrete Montes Superar la informalidad debe ser una política de Estado que depende de la modernización de la economía para vincular plenamente al mercado laboral, una fuerza de trabajo que en la actualidad es el 58 % de la población ocupada y que vive sedienta de necesidades, con lo cual se aumentaría el producto interno bruto y los recursos que llegarían a las administraciones públicas para coadyuvar en la transformación del aparato productivo. Todo esto pensando en grande, como decía el papa Francisco, y no en la minucia que engolosina a la gente y la mantiene en lo que los economistas clásicos denominaban reproducción simple del capital, que solo permite quedarse en el estado estacionario y no crecer para pasar de la subsistencia, a un mejor nivel de vida que significa pasar del rebusque, a tener disponibilidad para pensar más allá del día a día que mantiene a la gente en un círculo sin salida . Alcanzar lo anterior lleva aparejado también, la apertura política y ampliación de la democracia para que nuevos individuos y grupos sociales, tengan la oportunidad de acceder a cargos de dirección de acuerdo con el mérito y no a "empujones" bajo la idea de que los derechos son exclusivos para quien ejerce el poder, resultando al final una democracia restringida que niega la libertad para quienes no están de acuerdo con la rigidez de sus tesis, quedando marginados de los puestos de dirección. Sobre la modernización de la economía, el factor tecnológico es la llave que abre la puerta para saldar lo que se denomina deuda social y no solo con el campo, sino con la población urbana que representa el 80% del total y que aporta el mayor contingente de informalidad, con su centro de operaciones en la calle, generando deseconomías que tiran hacia abajo las condiciones de vida de los que hacen parte de ella y cuya solución no son los mercaditos los fines de semana como paliativos para vender sus productos. El desarrollo es otra cosa y en lugar de fomentar la informalidad manteniendo a la gente en la calle protestando y no laborando, o en actividades como el mototaxismo que dañan vida en todo sentido, se hace más por esas comunidades dotándolas de condiciones materiales para la producción y de oportunidades que empuje a la gente a desatar iniciativas para que el talento humano que está encriptado, salga de ese caparazón. Pensar en grande es abrir los canales para que la sociedad marche con seguridad y confianza en sus desplazamientos y se apropie de los instrumentos adecuados para hacer los cambios que surgen del proceso mismo de desarrollo, a través de un pacto entre administraciones públicas y sociedad de obligatorio cumplimiento y respecto a la ley, aplicable tanto en el palacio del gobernante como en la casa del ciudadano.