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Opinión

Suicidios médicos

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
28 de julio de 2024

El suicidio, un acto catastrófico, revela motivaciones profundas. El artículo analiza el presunto abuso de autoridad en la formación médica y la importancia del respeto y apoyo a los estudiantes.

Por Álvaro Bustos González* "La muerte es el final de las tristezas". Séneca. Todo suicidio me parece catastrófico. Nada heroico hallo en el acto de quitarse la vida. Las circunstancias que preceden al suicidio, sin embargo, deben individualizarse. Eso no sucede con el arma que nos dejan al desgaire a nuestro lado mientras el chofer se baja del carro y va a una tienda a comprar una merienda. Ese momento terrible y resignado, en el que un ser humano prescinde de las contingencias de este mundo, dejando una estela de dolor en sus familiares y seres queridos, tiene unas motivaciones profundas que están inscritas, quizá desde el nacimiento, en los farallones del alma. Aparte de datos y estadísticas ya divulgados a propósito de este drama, la mayoría de los comentarios surgidos a raíz del suicidio de la joven residente de cirugía de la Universidad Javeriana apuntan hacia el abuso de autoridad en que incurren algunos residentes de mayor jerarquía y algunos especialistas con los alumnos de los primeros niveles. No es raro cruzarse con "eminencias" médicas que, en las crujías de los hospitales y escenarios de prácticas, utilizan su autoridad para ofender el decoro de los estudiantes con base en la expresión neurótica de sus carencias y atávicos complejos de superioridad, reflejando así una grotesca inmadurez, porque, se sabe desde tiempos inmemoriales, la sabiduría nada tiene que ver con la arrogancia. Una cosa es exigir el cumplimiento del deber y muy otra es pisotear sistemáticamente, con iniquidades e insidias, la dignidad de los otros. A los decanos del país afiliados a Ascofame, les escribí lo siguiente: "Un episodio muy doloroso. Ya va siendo la hora de que se acabe la infatuación de quienes ejercen como profesores o como jefes de residentes. No basta con saber algo de una especialidad médica, se requiere un profundo sentido de lo humano y del respeto por nuestros semejantes. Eso de humillar a los residentes que comienzan es una práctica inveterada en algunos sitios, absurda por supuesto, y repudiable sin atenuantes. Ahora bien, si un estudiante tiene tendencias depresivas reales, diagnosticadas con certeza, con mayor razón hay que ayudarlo hasta donde eso es médica y humanamente posible. Lo que no es admisible es la prepotencia en la enseñanza y menos el mal trato. En la Universidad del Sinú, en Montería, no solo lamentamos el hecho infausto, sino que reprochamos de plano la actitud hiriente de los sabiondos sin alma". *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.