
Sueño americano o humillación americana

El llamado "sueño americano" se ha transformado, para millones de migrantes, en una amarga pesadilla de persecución, deportación y humillación. Hombres, mujeres y niños que huyen del hambre, de la violencia y de la ruina en sus países de origen, se encuentran en Estados Unidos con un sistema que los trata como criminales, no como seres humanos que buscan sobrevivir.
Durante los últimos gobiernos, las cifras de deportación han sido escalofriantes: más de 2.5 millones de personas expulsadas entre las administraciones de Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden. En lo que va del actual gobierno, miles de colombianos están en proceso de deportación, aunque muchos de ellos llegaron buscando un refugio ante la miseria y la inseguridad que imperan en su país, producto de gobiernos ineficientes, corrupción sistémica y economías descompuestas. Mientras tanto, en las calles de grandes ciudades estadounidenses, como Filadelfia, Los Ángeles y San Francisco, el caos del fentanilo y las "drogas zombis" despliega un espectáculo dantesco de cuerpos abandonados, seres humanos consumidos por la adicción, sin rumbo, sin techo, sin esperanza. ¿Dónde está la compasión? ¿Dónde está la política humana? La doble moral se impone: a quienes trabajan limpiando casas, construyendo edificios, cuidando niños y ancianos, se les persigue y encierra, mientras las élites políticas discuten leyes migratorias sin rostro y sin alma. Muchos migrantes solo quieren trabajar con dignidad, enviar remesas a sus familias, reconstruir su vida lejos del desastre del que escaparon. No son delincuentes, no son plaga, no son parásitos. Son víctimas del abandono de sus gobiernos y de una comunidad internacional que se hace la ciega ante la catástrofe humanitaria que sufren países como Colombia, Venezuela, Honduras, Haití, y tantos más. Estados Unidos debe replantear su política migratoria. La solución no está en levantar más muros, ni en llenar centros de detención, sino en recuperar el sentido de humanidad, en ver en cada migrante a un hermano que lucha, a una madre que protege, a un niño que sueña. Porque si el "sueño americano" solo está reservado para los que tienen papeles y fortuna, entonces se ha transformado en la humillación americana. Y ningún imperio que pierda la compasión podrá sostenerse mucho tiempo.