
Somos seres sociales

La ciencia revela la complejidad de las expresiones faciales, desde la sonrisa de Duchenne hasta las microexpresiones. Descubre cómo las emociones impactan la cognición y el reconocimiento del rostro.
Por Remberto Burgos de la Espriella La sonrisa de Duchenne es uno de los clásicos de la semiología neurológica. Escribió la diferencia entre una sonrisa de auténtica felicidad y la simulada o voluntaria. La primera activa los músculos de la boca y de los ojos. Tan interesante su reporte que Darwin utilizó muchas de sus fotografías en su texto sobre las expresiones emocionales. Tenemos cuarenta músculos en la cara que a diferencia del sistema musculoesquelético no mueve articulaciones, sino la piel del rostro. Las expresiones faciales son universales e incluso las personas ciegas muestran estas manifestaciones. Pero encontramos algunas modificaciones: el sonrojo o la ruborizacion, que esconden o disimulan lo que llevamos dentro. Es muy espinoso, salvo que tenga un entrenamiento sostenido y prolongado -lo sabemos por experiencia- muy difíciles de reproducir. La naturaleza nos ha enseñado distinguir las sonrisas: el músculo que eleva los labios, cigomático mayor, se puede contraer voluntariamente, pero los orbiculares oculares sellan con autenticidad la sonrisa. Nuestro cerebro es tan sensible que gestos de milisegundos pueden activar en forma intensa la amígdala del lóbulo temporal. Conocidas como microexpresiones permiten detectar al interlocutor cuando nos están engañando. Pero piensen en los pacientes deprimidos cuyo rostro refleja tristeza y desesperanza. La gente evita hablar con ellos y esto aumenta la sensación de soledad, el estado de ánimo se incrementa y la enfermedad se agudiza. Esto abre el camino de las neurociencias y muestra como los estados emocionales afectan los procesos cognitivos. Se ha señalado que la cara es la cédula de ciudadanía de los individuos. La explicación es anatómica: en la base de nuestro cerebro reposa el giro fusiforme que se ha perfeccionado en reconocer rostros humanos. Esto rodeado de estas tres organizaciones: lugares, formas y palabras. Estas extensiones visuales permiten darle un concepto de superespecialización y permite llevar a cabo sus funciones con delicada responsabilidad. Una lesión en esta área produce el fenómeno llamado prosopagnosia, el individuo es incapaz de reconocer rostros ya definidos e incluso no se identifica en las fotografías. La historia de vida de las personas está en su conectoma, grupo de sinapsis, que se ve en sus acciones o emociones. Lo social y sus componentes viajan por todo el cerebro. Lo que motiva o nos ahuyenta, lo que atrae o condena. Lo que nos hace quedar bien y estar satisfecho con nosotros mismo. Esto calificaría a los humanos como una especie hipersocial.