
Sofismas baladíes

¿Estrategia de distracción? Incidentes "graciosos" alrededor del presidente Petro desvían la atención de problemas cruciales en Colombia, sugiere una analista, mientras la ciudadanía olvida temas clave.
Por Arianna Córdoba Díaz* El viejo truco de desviar la atención de la opinión pública hacia asuntos baladíes podría ser una de las estrategias de comunicación en el Palacio de Nariño. Así lo percibe un significativo número de colombianos -me incluyo en ese grupo- que no encuentra justificación para que se presenten situaciones alrededor del Presidente y su círculo más íntimo que rayan en lo ridículo o gracioso, pero que, de todas maneras, atraen la mirada del público en general, quien termina olvidando temas realmente importantes para el país y la ciudadanía. Por ejemplo, vamos a citar apenas tres situaciones que se han presentado este año y que no se pueden catalogar con seriedad de ninguna manera. La más reciente: la llamada de Juan Fernando Petro al salón de belleza donde atendieron a su esposa para quejarse porque no le habían arreglado las cejas como ella quería. Perfecto, uno tiene el derecho de reclamar cuando paga por un trabajo que no le satisface, pero ¡por Dios! ¿Argumentar en su queja que es el hermano del Presidente? Como si su parentesco le otorgara alguna patente especial. Eso suena como una amenaza y es otro típico caso de "usted no sabe quién soy yo" de los que ya hacen carrera en nuestra historia nacional. Igualmente, el ni admitido ni negado supuesto paseo del mandatario de los colombianos en plan romántico con una persona que no es su actual consorte en el concurrido centro histórico de Panamá; otro asunto baladí que uno no se imagina que pueda pasar, pero que, en efecto, pasa. Y cerramos con el tropel de la cachucha que Petro usaba permanentemente durante varios meses, incluso en recintos cerrados y ataviado con traje entero, para que, al final, cuando dejó de usarla, se especulara que tenía que lucirla porque le habían practicado un injerto de cabello y tenía que cuidarlo hasta que "cuajara". A todas luces, estos tres hechos resultan absurdos, graciosos, y se viralizan rápidamente. La gente los comenta entre risas y carcajadas, olvidándose parcialmente de la preocupante realidad. Nada más, por estos días, nos angustiamos por la escasez de gasolina para los aviones, que, si bien fue superada, prende las alarmas; la posibilidad de una nueva reforma tributaria que lleve del 4 al 5 por mil; una temida reforma agraria que dé vida y vigor a la temida "expropiación exprés"; el incumplimiento de las promesas hechas en campaña; el escándalo de corrupción en la Ungrd; el desastre con los pasaportes; los rumores sobre negocios turbios en ciertas hidroeléctricas; las demandas de las disidencias de las Farc; el acoso del Eln; los préstamos que tienen que hacer los colombianos de la clase media para pagar la declaración de renta; el cada vez más amenazante fantasma de que lo que se padece en Venezuela se traslade a nuestro territorio… En fin, hay mil y una preocupaciones reales. Entonces, no se puede descartar que estos chistosos incidentes, más allá de ser comportamientos espontáneos y, a mi manera de ver, inapropiados, que captan la atención del público, no sean más que sofismas de distracción para que nos relajemos de nuestros sufrimientos. *Jefe de Programa de Comunicación Social – Unisinú