
Socialismo de hambre y miseria

El socialismo autoritario, ejemplificado en Cuba, Venezuela y Corea del Norte, exhibe economías colapsadas, salarios precarios y pobreza extrema, frustrando la prosperidad ciudadana.
Por Féliz Manzur Jattin El socialismo, en su forma más radical y autoritaria, ha mostrado ejemplos devastadores de economías colapsadas, pobreza extrema y salarios indignos en países como Cuba, Venezuela y Corea del Norte. Estas naciones, gobernadas por regímenes que controlan los recursos y la vida de sus ciudadanos bajo un discurso de equidad, han convertido sus economías en ejemplos de miseria sistemática. En Cuba, un país que alguna vez fue uno de los más desarrollados de América Latina, los trabajadores reciben salarios miserables. Según datos recientes, el salario promedio mensual ronda los $20 dólares, insuficiente para cubrir las necesidades básicas. La escasez de alimentos, medicamentos y productos básicos es una constante, agravada por la doble moneda que distorsiona el poder adquisitivo. La población sobrevive gracias al mercado negro, la ayuda del exterior y la creatividad forzada para enfrentar la precariedad. Venezuela, bajo el mando de un régimen que promueve el "socialismo del siglo XXI", ha visto una de las peores crisis económicas del continente. El salario mínimo mensual, en 2024, es de aproximadamente $5 dólares. Esta cifra no alcanza para adquirir siquiera una docena de huevos o un kilo de carne. La hiperinflación, la corrupción y la expropiación de industrias han devastado una economía que en su momento fue líder en exportaciones petroleras. Millones de venezolanos han emigrado, huyendo de la pobreza, el hambre y la represión. En Corea del Norte, el aislamiento internacional y la economía centralizada han generado condiciones aún más extremas. El salario promedio de un trabajador en este régimen totalitario equivale a menos de $1 al mes, con la mayor parte de la población subsistiendo gracias a cultivos propios o raciones estatales mínimas. La hambruna masiva de los años 90 dejó millones de muertos y sigue siendo una amenaza constante para sus habitantes. Estos tres países, ejemplos de socialismo autoritario, muestran cómo la centralización del poder económico y la negación de las libertades individuales conducen al colapso de la calidad de vida. Mientras las élites gubernamentales disfrutan de lujos, sus ciudadanos enfrentan hambre, escasez y salarios indignos, despojados de cualquier oportunidad de prosperar en un sistema que prometió igualdad pero entregó miseria.