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Opinión

Sobre las cifras de la Nueva EPS

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
15 de julio de 2026

Siempre he dicho que no está mal que la atención en salud sea un negocio; lo que está mal es que sea un mal negocio, para los pacientes, para el talento humano y para la nación. Antes de volver a hablar de reformas, ideologías o modelos de aseguramiento, es bueno mirar las cifras. En concreto, los estados financieros de la Nueva EPS publicados recientemente, un diagnóstico contable de una entidad que atiende a millones de colombianos.

Aunque falta por conocer los números del año 2025, los balances presentados muestran pérdidas multimillonarias, un patrimonio negativo y obligaciones que superan ampliamente los activos. La propia entidad reconoce que el costo de la atención superó los ingresos recibidos por la Unidad de Pago por Capitación (UPC), mientras persisten cuantiosas cuentas por cobrar al Estado. Más allá de las discusiones sobre responsabilidades históricas o recientes, el resultado es el mismo que he comentado varias veces en esta columna: un sistema sometido a una presión financiera que termina afectando la oportunidad de la atención, el pago a hospitales y clínicas y, finalmente, a los pacientes. Este panorama confirma que la evidencia siempre estará por encima de la ideología. Durante años se intentó explicar la crisis desde posiciones políticas irreconciliables. Sin embargo, los estados financieros, que no votan ni militan, en este caso revelan una realidad objetiva que obliga a reconocer que el sistema no puede sostenerse cuando el costo de atender supera de manera persistente los recursos disponibles. Cada factura sin pagar representa una clínica u hospital con dificultades para comprar medicamentos, mantener equipos, contratar talento humano o abrir camas, y las cifras negativas terminan convertidas en citas aplazadas, procedimientos suspendidos y barreras para quienes dependen del sistema para preservar su vida y su salud. Creo que nunca me cansaré de repetirlo. La discusión pública ha girado alrededor del rescate financiero cuando deberíamos estar hablando de la necesidad de construir mecanismos que detecten tempranamente los desequilibrios, ajusten oportunamente la financiación y fortalezcan la gestión del riesgo en salud. Esperar a que una entidad acumule pérdidas billonarias nunca será una política sanitaria, ni organizacional, responsable. No existe derecho efectivo a la salud si quienes prestan los servicios no reciben oportunamente los recursos para operar. Defender una financiación suficiente es proteger la continuidad de la atención de millones de ciudadanos. Las promesas, los discursos y las consignas tienen poco o ningún valor cuando los indicadores financieros, operativos y asistenciales muestran un deterioro persistente. Los gobiernos cambian, las narrativas cambian, pero los pacientes siguen necesitando consultas, cirugías, medicamentos y tratamientos todos los días. El descalabro de la Nueva EPS debe servir como una advertencia. Colombia necesita un sistema de salud que combine evidencia, responsabilidad técnica, prevención, sostenibilidad y evaluación permanente. Cualquier reforma que ignore alguno de esos cinco principios corre el riesgo de repetir los mismos errores que nos han costado morbilidad y vidas.