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Opinión

Sobre gobernabilidad y algo más

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
28 de agosto de 2023

La gobernabilidad no se hereda, se construye. El mal desempeño del presidente Petro tras un año de mandato es su responsabilidad, no de la oposición ni de otros factores externos.

Por Ismael Guerra de la Ossa Por el simple hecho de que un gobernante sea elegido popularmente, no significa que la gobernabilidad se le sirva en bandeja, es decir, que la debe tener automáticamente sin hacer ninguna clase de diligencia ni esfuerzo ni nada para poseerla. No. La gobernabilidad la tiene que conseguir con acciones y gestiones estratégicas que conlleven a ella o, en otras palabras, con hechos y ejecutorias que les permitan a los demás actores del poder público, llegar al convencimiento pleno de que el gobernante merece contar con el necesario margen de maniobra que le haga posible cumplir lo que prometió en campaña. De manera que quien adquiere la condición de mandatario, si quiere que las cosas se les faciliten, necesariamente tiene que ser capaz de consensuar, de aunar voluntades, de llegar a acuerdos cuando se está en una democracia como la nuestra, donde el poder público lo componen las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, cada una con la independencia que le concede la Constitución y, por lo mismo, sin que ninguna dependa de la otra ni sea apéndice ni subalterna pues si así ocurriese estaríamos entonces en una dictadura. Si al presidente  Petro le ha  ido mal en estos 12 meses largos  de gobierno, es por culpa suya. De nadie más. Otra cosa es la colaboración armónica de que también habla nuestra Carta Magna la cual se consigue, precisamente, cuando hay voluntad e intención de consensuar y no de imponer pues, obviamente, ninguna de las tras ramas del poder público goza de un poder omnímodo. Traemos esto colación porque ahora los fundamentalistas del petrismo atribuyen los malos resultados del presidente de la República, en su primer año de mandato, a que, según ellos, a Petro no lo han dejado gobernar. Se trata de un argumento endeble y deleznable, pues no resiste el menor análisis por la sencilla razón de que a ningún gobernante le regalan la gobernabilidad. Él tiene que ganársela con actitudes y aptitudes, no embaucando ni engatusando ni con populismos trasnochados sino con inteligencia, capacidad, ánimo desprevenido, buscando consensos y sobre todo, alejado de bravuconadas y talante pendenciero y revanchista. Entonces si al presidente Petro le ha ido mal en estos 12 meses largos de gobierno, es por culpa suya. De nadie más. Ni siquiera de la oposición. Ya lo hemos visto. Los grandes escándalos, por ejemplo, que se han suscitado durante su mandato, han provenido de su círculo más cercano. Incluso de las actuaciones de su propio hijo Nicolás.