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Opinión

Sobre el triple homicidio

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
18 de septiembre de 2024

La violencia en Colombia se agrava. El asesinato de un ganadero y dos trabajadores en Córdoba, evidencia la persistente sombra del crimen organizado, generando dolor y miedo en la población.

Por Rafael Negrete Quintero El panorama de violencia en Colombia está tomando una dimensión alarmante. Desde los grandes centros urbanos hasta las zonas rurales, el crimen organizado y las dinámicas delictivas parecen extenderse como una sombra persistente. La extorsión y el homicidio han encendido las alarmas a nivel nacional, generando no solo un impacto en la economía sino, lo más grave, en la seguridad de las comunidades. Pero más allá de las cifras y los análisis de expertos, son las tragedias humanas las que más deben conmovernos y movilizarnos. Córdoba, un departamento marcado por el conflicto armado y la violencia, enfrenta nuevamente una tragedia con el reciente asesinato del joven ganadero Esteban Rafael Urueta González y sus trabajadores Fredys Manuel Beleño Acosta y Gerardo de los Santos Marzola. Este crimen ha dejado una profunda sensación de dolor y miedo entre los habitantes. Aunque las autoridades buscan a los responsables, la conmoción en la región va más allá de este hecho puntual. ¿Cuánto más deberá esperar la ciudadanía para que las instituciones realmente los protejan? No se puede minimizar el impacto que hechos como este tienen en la vida de las comunidades. Estos crímenes no solo arrebatan vidas, sino que siembran el miedo en una población que se pregunta si volveremos a las épocas oscuras en las que la violencia era parte del día a día. No se trata solo de capturar a los culpables, sino de garantizar que estos hechos no se repitan. Para ello, es crucial que las autoridades locales y nacionales trabajen de manera coordinada y constante en políticas de seguridad que respondan a las realidades de cada región. No es suficiente ofrecer recompensas millonarias para capturar a los criminales. Si bien estas medidas pueden ser útiles en momentos de urgencia, la verdadera solución radica en la prevención y en un acompañamiento efectivo y constante por parte de las autoridades. Necesitamos un Estado que no solo reaccione, sino que actúe proactivamente para prevenir que estas tragedias se repitan. Es urgente fortalecer los mecanismos de seguridad ciudadana y ofrecer garantías reales de protección a los habitantes del departamento de Córdoba. Paz en la tumba de los tres hombres asesinados y consuelo para sus familias, nadie merece morir de una forma tan brutal y cruel. No podemos permitir que el departamento caiga nuevamente en las épocas oscuras de secuestros y asesinatos. Los cordobeses merecen vivir sin el temor de ser víctimas de la violencia que alguna vez marcó sus vidas y que ahora amenaza con regresar. Que este trágico homicidio sea el último y no el preludio de una nueva era de terror.