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Opinión

Sincerémonos

Orlando Benítez Quintero*
Orlando Benítez Quintero*
Columnista
6 de octubre de 2024

El editorial del New York Times que apoya a Kamala Harris reaviva el debate sobre la objetividad periodística. ¿Es posible ser imparcial? El autor analiza el rol de los medios y la búsqueda de equilibrio.

Por Orlando Benítez Quintero En un debate con colegas del Círculo de Periodistas y Comunicadores de Montería, discutimos sobre el editorial del New York Times que respalda la candidatura de Kamala Harris para la presidencia de Estados Unidos. El artículo, titulado "Solo hay una opción patriótica para la presidencia", publicado el 30 de septiembre de 2024, presenta a Harris como "la única opción para preservar los valores democráticos del país". Según el comité editorial, Harris es la única candidata comprometida con la Constitución y la estabilidad, mientras que Donald Trump es criticado por su falta de moral y temperamento. Este editorial reaviva el debate sobre el papel de los medios en la política: ¿deben tomar partido? ¿Es la objetividad una meta alcanzable en el periodismo? Preguntas que nos invitan a reflexionar sobre el equilibrio y la verdad en este oficio. Recordábamos cuando los periódicos colombianos declaraban abiertamente sus inclinaciones ideológicas —liberales, conservadoras o de izquierda—. Mis colegas coincidían en que estas filiaciones no impedían el ejercicio periodístico independiente. Los medios informaban, analizaban y ofrecían diversas perspectivas, respetando el juicio crítico de los lectores. La consulta de fuentes y la presentación equilibrada de los hechos regían como principios. Hoy, la objetividad es un tema más debatido y, en ocasiones, desafiado. Aunque noble, es difícil de lograr porque los periodistas, como seres humanos, inevitablemente reflejan sus propias experiencias y convicciones. Por ejemplo, la cobertura de tragedias suele estar cargada de emociones, y las presiones externas —políticas o económicas— influyen en la imparcialidad. En Colombia, la Constitución de 1991 permitió que cualquier persona fundara un medio, consagrando en el artículo 20 la libertad de expresión y el derecho a informar y recibir información veraz e imparcial. Sin embargo, el equilibrio entre libertad de expresión y objetividad sigue siendo un reto. Con la proliferación de voces en el ámbito digital, mantener la equidad informativa se ha vuelto más complejo, aunque no imposible. Existen medios que se presentan como objetivos cuando, en realidad, actúan en favor de un bando. Además, es común ver cómo algunos periodistas cambian de postura como cambiar de camisa. Por eso, considero que el equilibrio es más realista que la objetividad total. Este balance puede alcanzarse si respetamos principios fundamentales: la consulta rigurosa de fuentes, ofrecer un contexto claro y diferenciar adecuadamente entre géneros periodísticos, en especial los de opinión e informativos. Hoy, esta distinción se ha vuelto difusa, lo que confunde a los lectores. Si los medios fueran más claros en esta separación, se fortalecería la confianza de las audiencias. Recuperar las prácticas del pasado, cuando los medios declaraban sus posiciones ideológicas, podría ser beneficioso. Esto permitiría a los lectores entender el contexto desde el cual se presentan los hechos y ejercer un juicio más crítico. En aquellos tiempos, columnistas de ideologías opuestas escribían en medios contrarios, lo que enriquecía el debate público. El respaldo del New York Times a Kamala Harris no es sorprendente. Es una expresión legítima de la libertad de prensa, siempre que se mantenga el rigor periodístico. Sincerarse sobre las inclinaciones no es faltar a la verdad; al contrario, fortalece la transparencia y brinda a los lectores las herramientas para formarse sus propias conclusiones.