
Sincelejo y su histórica conflagración

Sincelejo, a principios del siglo XX, era un "Corralito de matarratón". Un incendio devastador en 1912 arrasó el pueblo, marcando su historia y dejando cuantiosas pérdidas materiales.
Por Aníbal Paternina Padilla En los albores del siglo XX, Sincelejo se conocía como un "Corralito de matarratón" por el parecido de la antigua plaza Central con dicho calificativo. Para aquellos tiempos era una población de características y comportamientos rural, encerrada por huertas pajareras, donde pastaban burros y vacunos, cercada con alambre de púas y apuntalada con el árbol de matarratón, quizá en contraposición con el "Corralito de Piedra" como se le conoce a Cartagena. El comportamiento del clima era casi matemático, de tal suerte que el aguacero y el huracán de San Bartolo marcaban fechas para iniciar las siembras. Las fiestas de corraleja era un espectáculo folclórico y con sabor rural, en el aspecto de la salud no se soñaba con las EPS, IPS ni las ARS que administraban el sistema subsidiado. No estaban en el escenario los Acuabol, Insfopal, Emposucre, ni Empas, que vinieron a ser estructuradas administrativamente al servicio de los poderosos para expoliar la economía de nuestro pueblo con el cuento del servicio de agua para Sincelejo, y que generó el histórico paro cívico los días 15 y 16 de septiembre de 1957 para reclamar su acueducto para la sedienta población sincelejana. El 20 de marzo de 1912 sucedió el hecho más inesperado en la historia de Sincelejo. Como de costumbre, los campesinos obreros marchaban a sus trabajos a cumplir la jornada. Dos jóvenes hojalateros subieron a un techo de zinc de una de las casas de este tipo que existían aquel año con el fin de tapar unos huecos, los obreros llevaban consigo el cautín, la soldadura y la leña para armar el fogón donde debían calentar el artefacto y derretir la soldadura. Era la vieja casa del hacendado Arturo García. En varias oportunidades soplaron el fogón y unas chispas se escaparon prematuramente cayendo en el caballete de otro viejo caserón de palma que, preso de las llamas, las propagó al resto de viviendas de las calles Real, Comercio, Nariño, Zumbado y Chacurí, principales vías de aquella época la falta de agua y el fuerte verano fueron los enemigos para que las llamas arrasaran a cuanta casa encontraron a su paso, el pueblo quedó reducido a escombro en pocas horas. Toneladas de ñame y maíz quedaron en cenizas, al igual que centenares de animales domésticos, incluidas las vacas paridas, que para aquellos tiempos era usanza llevarlas a los patios para tener la leche más cerca. Las pérdidas materiales fueron cuantiosas. Una población como Sincelejo por aquellos años esencialmente agrícola, soportó con estoicismo la tragedia.