
Sincelejo: un presupuesto sin control y una ciudad en riesgo

El Concejo de Sincelejo aprobó a toda prisa el Presupuesto General 2026 sin un debate riguroso que 15 concejales votaron a favor y solo 2 en contra, despachando un proyecto de más de 1,15 billones de pesos prácticamente a ciegas...
Por Luís Alonso Colmenares Rodríguez El Concejo de Sincelejo aprobó a toda prisa el Presupuesto General 2026 sin un debate riguroso que 15 concejales votaron a favor y solo 2 en contra, despachando un proyecto de más de 1,15 billones de pesos prácticamente a ciegas, ante lo cual me pregunto: ¿dónde quedó el estudio serio de cada rubro, la discusión responsable sobre el futuro financiero? La concejala Milena Toro fue la única voz disidente en el recinto. “No podemos dejar abiertas las inversiones en el presupuesto”, advirtió, sin detallar programas ni diagnóstico actualizado de las finanzas. Tenía razón. ¿Cómo aprobar un presupuesto para 2026 sin saber cómo están las arcas municipales en 2025? Su valiente intervención contrastó con el silencio cómplice de los colegas que parecen más preocupados por complacer al alcalde y proteger sus cuotas burocráticas que por ejercer una verdadera independencia en defensa del interés público. De hecho, el Concejo ha venido funcionando casi como “notaría” de las decisiones del Ejecutivo, avalando proyectos sin revisión técnica ni financiera exhaustiva. Esta ausencia de control político es alarmante: no se trata de poner palos en la rueda a la Administración, sino de cumplir con la responsabilidad constitucional de vigilar el buen uso de los recursos públicos. Mientras el Concejo aprobaba el presupuesto 2026 sin mayor análisis, nuevos datos revelaban un hueco fiscal en Sincelejo con un déficit fiscal de $120.518 millones. A esto se suman un déficit presupuestal de $37.852 millones y un faltante de tesorería de $54.768 millones, cifras que destapan una fragilidad financiera alarmante. Peor aún, más del 95% de esos recursos faltantes provienen de ingresos corrientes de libre destinación, es decir, de los dineros propios para el funcionamiento diario. En otras palabras, Sincelejo está gastando muy por encima de su capacidad real de financiación, comprometiendo programas sociales, infraestructura y servicios esenciales. Este panorama crítico contrasta con el optimismo del presupuesto aprobado: un plan de gasto que supera el billón de pesos, sustentado en proyecciones de ingreso difícilmente alcanzables. De hecho, analistas locales señalan que el Acuerdo presupuestal 2026 podría estar viciado de origen, pues se elaboró con base en cifras desfasadas que no reflejan la verdadera situación fiscal del municipio. Si esto se confirma, estaría ante una preocupante desconexión entre la planeación financiera y la realidad económica de Sincelejo. Aprobar un presupuesto ignorando un déficit de este tamaño es como construir sobre arena: tarde o temprano, las cuentas no van a cuadrar. Frente a esta situación, hago un llamado urgente a la reflexión y la acción. Primero, a los concejales: deben recuperar la independencia y la seriedad en el control político. Ser leales a Sincelejo, no al vaivén del poder de turno. No pueden seguir callando ante evidentes desequilibrios por “quedar bien” con el alcalde. La lealtad mal entendida está hipotecando el futuro de la ciudad. Segundo, al Gobierno municipal: señor alcalde, es hora de reconocer la gravedad del problema y actuar con responsabilidad. Basta de triunfalismo vacío o de distraer con festejos mientras las finanzas se desangran. En Sincelejo, mientras suenan las músicas de eventos y fiestas, en los barrios crecen el desempleo, la pobreza y la desconfianza ciudadana. Las luces de la fiesta no pueden seguir opacando el debate sobre el uso eficiente de los recursos. La administración debe priorizar un plan de ajuste fiscal realista, con austeridad, transparencia y rendición de cuentas. Tercero, a la ciudadanía: no se puede permanecer indiferentes. Se necesita exigir información clara y seguimiento a las finanzas municipales. Cada peso mal manejado hoy es un servicio precario mañana. Si guardan silencio, corren el riesgo de quedar sin ciudad donde vivir, al menos, sin la merecida ciudad digna y viable. Y cuarto, a los empresarios locales y fuerzas vivas: su voz es fundamental. La sostenibilidad fiscal del municipio también determina el clima para la inversión y los negocios. Un municipio al borde de la quiebra no puede ofrecer seguridad jurídica, infraestructura adecuada ni oportunidades de crecimiento. Ustedes, que generan empleo y desarrollo, deben involucrarse en este diálogo y exigir cuentas claras; su prosperidad depende en parte de unas finanzas públicas sanas y bien administradas. La debilidad institucional y fiscal de Sincelejo no es un asunto abstracto; tiene consecuencias directas en la calidad de vida y desarrollo económico. Prueba de ello es el pobre desempeño de la ciudad en el Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) 2025. Desde hace años Sincelejo se ubica en el lote de cola de esta medición. En 2024 ocupó el puesto 23 entre 32 capitales del país, y en 2025 permaneció allí, con un puntaje apenas alrededor de 4,4 sobre 10; y no es casualidad porque una ciudad con instituciones débiles y finanzas en rojo difícilmente puede competir en educación, infraestructura, innovación o ambiente de negocios. ¿Cómo aspirar a atraer inversión privada o generar empleos de calidad si las cuentas no cuadran y la confianza en las instituciones locales es mínima? El gobierno local destina la mayor parte de los recursos a cubrir gastos básicos de salud (42%) y educación (40%) gracias a transferencias nacionales, y queda muy poco margen para invertir en proyectos estratégicos de desarrollo. Y si encima ese exiguo margen se dilapida o se maneja con opacidad, el resultado es una ciudad estancada, que brinda servicios insuficientes y pierde talento humano que migra a lugares con mejores oportunidades. El presupuesto 2026 aprobado sin mayor escrutinio es el síntoma de una enfermedad más profunda. No solo es un documento financiero, es el espejo de la forma de gobernar que refleja improvisación, complacencia y falta de visión. Y como dijo el filósofo de La Junta: "Se las dejo ahí...” @LColmenaresR