
Sin polarizar

En Colombia, la polarización política divide. El gobierno y la oposición, con posturas extremas, exacerban las diferencias. La democracia permite disentir, pero no la confrontación.
La democracia permite opiniones divididas, pero no se pueden llevar a los extremos. La clase política colombiana insiste en dividir a sus electores, seguro aplicando la vieja frase de "Divide y Reinarás". Traemos a colación esta reflexión por todo lo que viene ocurriendo en el país en los últimos años y que se sigue ahondando en estos días de marchas, protestas, apoyos, reformas, presuntos golpes blandos y demás. Es cierto que hay posiciones en orillas distintas y muy lejanas de ser siquiera parecidas, pero alégrense que esa es la ventaja de la democracia, un mundo en el que pensar distinto no es ningún pecado y mucho menos un delito. Las controversias, las tesis distintas sobre un mismo tema hace que los debates se enriquezcan y que posiblemente quienes tienen pensamientos afincados puedan ceder en algún momento de la conversación. La mitad del país hoy no ve con buenos ojos lo que viene haciendo el gobierno del presidente Gustavo Petro y la otra mitad seguro que lo apoya en sus tesis de cambio, pero eso no puede volver a los colombianos de a pie enemigos acérrimos que terminen en batallas campales con las calles como testigos. Protestar y apoyar está dentro de los derechos que tienen los colombianos para expresarse, pero en ambos casos se debe hacer con respeto y sin violar la libertad ni los derechos de quien piensa distinto, No se puede permitir que los líderes de este país sigan señalando de "malos colombianos" a quienes no piensan como ellos, porque los vuelven de manera inmediata carne de cañón para los que aprovechan y pescan en río revuelto. Hay que seguir disfrutando de los espacios que nos brinda la democracia, que cada vez es más escasa en América Latina.