
Sin plata es difícil

El gobierno de Gustavo Petro ha puesto un énfasis significativo en la defensa y eficiencia de las Fuerzas Armadas como pilares fundamentales para garantizar la seguridad en el país. Sin embargo, esta afirmación choca con una realidad palpable: la percepción de inseguridad entre los ciudadanos se ha disparado. Esta discrepancia entre las estadísticas oficiales y la sensación de vulnerabilidad en la población plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas de seguridad implementadas.
Uno de los factores que parece influir en esta situación es la notable disminución en la financiación de las fuerzas armadas. En un contexto donde las amenazas del crimen organizado y el narcotráfico persisten, recortar presupuestos destinados a la defensa puede generar consecuencias desastrosas. Las Fuerzas Armadas requieren recursos adecuados para operar con eficacia, mantener su equipamiento y continuar con la capacitación de sus tropas. Sin estos elementos esenciales, la moral y la eficiencia de los soldados se ven comprometidas. Además, la desmoralización de las tropas, exacerbada por la falta de apoyo y recursos, se convierte en un factor crítico que afecta el desempeño de la seguridad nacional. La laxitud y cercanía con los delincuentes ha sido evidente pasando por encima del reconocimiento y fortalecimiento del vínculo entre las Fuerzas Armadas y la sociedad. Aunque el Gobierno niega la desfinanciación de las Fuerzas Armadas, las cifras dicen lo contrario.