
Silencio y amor

La literatura florece en la mente humana. "La clase de griego" de Han Kang explora el silencio, mientras "Noches blancas" de Dostoievski triunfa con el amor.
Por Álvaro Bustos González* Quizá haya tantas literaturas como vidas existen. Cada existencia parece un libro, aunque la mayoría de esos libros se queden sin escribir. Han Kang, la reciente premio Nobel de literatura, hace gala de una imaginación notable cuando refiere las vidas que lleva en su cabeza. Leí "La clase de griego", una novela enigmática en la que una mujer afásica, que ha padecido unos dramas familiares, asiste a clases con un profesor que, a su vez, está perdiendo la vista. Entre ellos la comunicación formal es imposible, de ahí que el maestro y la alumna, entre las brumas apagadas de los ojos invidentes del uno y la incapacidad de expresar el lenguaje de la otra, terminen hablando con pensamientos y recuerdos, como en un acto de telepatía. Traigo a cuento esta pequeña obra porque en ella, casi al final, me tropecé con una bella definición del silencio que, en vista de que por esta época algunas personas viajan al hemisferio norte en busca de refugios entre abrigos y chimeneas, consideré que debo transcribir: "El silencio es la nieve que cae del cielo". De otro lado, supe que "Noches blancas", la noveleta que escribió Fiódor Dostoyevski a mediados del siglo XIX, a propósito de la propaganda de unos tiktokers en Inglaterra se convirtió en uno de los libros más vendidos este año en Europa. ¿Y de qué se trata? Pues del amor de siempre, el que nunca podrán abolir del corazón humano los creadores de la posverdad ni los manipuladores del vocabulario en contra de la civilización de los sentimientos. Un adolescente solitario y soñador, sin ninguna experiencia sentimental, se encontró una noche en un puente a una señorita que sollozaba por la espera de un hombre por el que se ilusionó, que no daba señales de vida a pesar de haber convenido con él previamente la cita. Pero fue tan cálido el trato y la comprensión que le otorgó el jovenzuelo, que además hablaba con un aire poético, que la joven, sin dejar de amar al ausente, quedó subyugada con la elocuencia del recién llegado. Con brevedad se contaron sus vidas a la misma hora durante tres noches seguidas, y ella le prometió amor eterno a pesar de haberse ido finalmente con el prometido, solo por el trato afable y comprensivo que el zagal le había dispensado mientras ella, desesperada, se creía abandonada. Y todo sin maldad, cálculos ni manipulaciones. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.